martes, 16 de abril de 2013

Viaje a Japón 1: Tokyo


Mucha gente dice que lo peor de viajar a Japón es el avión. No sé si es que yo soy rara o si es que tenía tantas ganas de hacer este viaje que, para mí, no supuso un trauma muy grande. De hecho, lo volvería a hacer ahora mismo. Creo que de las 15 horas que duró el viaje de ida (más dos horas y media de transbordo), y de las 20 horas el de vuelta (más dos y media de transbordo), sólo lo pasé realmente mal la última hora del segundo viaje y fue porque tengo problemas de circulación y sentía las piernas a punto de reventar. Literalmente (quizás tiene algo que ver que, por aquel entonces, hacía como 34 horas que llevaba puestas las medias de compresión que me apretaban de un modo que no se puede describir con palabras). A pesar de descubrir que soy incapaz de leer en un avión, que me paso todo el viaje con la cabeza embotada como si estuviese enferma, que dormir en esos asientos es lo peor que puede pasarte, no está tan mal. Puedes escuchar música, meditar, ver pelis, jugar al tétris y comer, sobretodo comer. 

Sobre el aeropuerto de Narita no os puedo hablar mucho porque apenas lo vi. De ese lugar recuerdo un largo pasadizo que conectaba la zona de llegada con la aduana, un hombre muy serio que estampó un papel en mi pasaporte y un policía que con un inglés horrible nos pidió que qué hacíamos en Japón y nos hizo abrir la maleta para ver el neceser XD A la salida había muchas tiendas, pero no las visitamos porque nos fuimos cagando leches a buscar la oficina del Japan Rail (JR). Allí un hombre que hacía las cosas con una parsimonia y una meticulosidad desesperantes cambió nuestros bonos JRP (Japan Rail Pass) por un billete infinito que nos permitía usar todos los trenes de la compañía (menos el Nozomi) durante dos semanas. Y en esa misma oficina pedimos un billete para el Narita Express y como el tren salía en 8 minutos, volvimos a salir cagando leches en dirección a la estación de tren que estaba todo recto a la salida de la oficina. 




El Narita Express es un tren de la compañía JR que te lleva del aeropuerto a la Estación de Tokyo en 40 minutos. Los trenes son una de las cosas que más impresionan de Japón. Son perfectos. Su puntualidad es exacta (en un trayecto de dos horas se pueden desviar como dos minutos del tiempo previsto). Conectan todos los lugares, tienen muchas frecuencias  las estaciones están perfectamente señalizadas tanto en japonés como en inglés y con colores que te marcan las lineas, el audio en los coches también es en los dos idiomas (en algunos sitios también está en chico y coreano), te cantan todas las paradas (Tzeniba, se me quedó esa palabras, significa parada (creo) y la repetían continuamente XD), te decían en qué lado se abrirá la puerta. Los trenes son limpios (algunos viejos, pero súper bien conservados, es otra cosa que llama la atención, porque aquí las cosas viejas están súper machacadas), se puede comer en ellos (de hecho, es casi obligatorio comer en el tren si te pilla en la hora de comer en un trayecto largo XD).




Lo que más me sorprendió al llegar a la Estación de Tokyo, la segunda en cantidad de viajeros, fue la gente. Jamás había visto tanta gente. El tren iba casi vacío, por lo que, al llegar a la estación, a eso de las 19h, en plena hora punta de salida del trabajo, el impacto fue brutal. Decenas, centenares, miles de personas yendo de un lado para otro; como una marea humana en movimiento. Era como los centros comerciales al día antes de Navidad. Yo estaba como un poco mareada por el viaje en avión y todo aquel enjambre de personas me parecía una visión, como estar metida en una película o documental. Aún así, el caos era muy ordenado y nadie corría, ni chillaba, si se chocaba con nadie. Para esperar un tren todos se ponían en la ralla pintada en el suelo que marcaba donde se iba a detener la puerta y formaban cola pacientemente. En las escaleras mecánicas se ponían a la izquierda y dejaban la derecha libre para que, si venía alguien con prisas detrás, pudiera subir más rápido (me han dicho que en Londres eso también se hace). 



Los tokiotas visten bien. Muy bien. La mayoría de hombres va con traje y muchas de las mujeres con falda y a la última moda. Llama la atención el tamaño de las faldas. Es muy corto; como en los mangas, que a veces parecen exagerados, pero no lo son. Son muy educados y si por casualidad chocan contigo en la calle se apresuran a disculparse, con una reverencia. En las tiendas, transporte público y restaurantes te reciben con grandes saludos y reverencias. Se duermen con una facilidad pasmosa. En serio. Es sorprendente. Es sentarse en el tren y al segundo están durmiendo. ¡Pero durmiendo! A veces incluso se les cae la cabeza a un lado. ¡Incluso el móvil se les cae! Porque llevan el móvil a todas partes y se duermen con él en las manos. No hay peligro, allí nadie te robaría el móvil por haberte quedado dormido en un tren.

Por otro lado, Sí, mucho móvil, pero no escucharás sonar ninguno. Todos lo llevan en silencio. Y sólo lo usan para escribir mensajes o navegar. Porque allí hay conexión wifi en todas partes. ¡En todas! Eso sí, es de pago. 

Tokyo es una ciudad espectacular. Es grande, es enorme, es infinita. Pero es grande en un sentido diferente a, por ejemplo, París. Porque, aunque se extiende infinitamente, todo allí es pequeñito: las calles, los coches, las casas. Decenas de kilómetros de pequeños barrios como si fueran cientos de ciudades pequeñas conectadas. Nada de grandes avenidas, ni grandes carreteras, eso ocurre en muy pocos lugares.



Akihabara, el barrio de la electrónica es pequeñito (al menos a mí me lo pareció): un tramo de calle grande y las dos calles colindantes, que son pequeñitas. Pero es otro mundo. Yo tenía mis reticencias con ese lugar, pero me impactó. Y no es sólo por los neones, las luces, las pantallas y todo eso. Es por lo que hay dentro de los edificios. Plantas enteras de tragaperras, recreativas, máquinas de esas de pescar muñecos como en las ferias. ¡Plantas enteras! En las de pescar puedes coger desde llaveros (¡yo cogí dos!) hasta muñecos manga enormes y complejos. Sobre las recreativas hay de todo: desde clásicos de hace 20 años (¡Final Fight!) hasta máquinas super modernas, pistas de baile, para tocar la guitarra, ¡incluso para maquillarte! Y el ruido. Es ruido es brutal. ¡Ensordecedor! Entras en un lugar de esos y oyes al mismo tiempo miles de sonidos digitales a todo volumen. ¡Peor que en una discoteca!



A parte de todo eso, en Akihabara muchas tiendecitas donde encontrar desde un adaptador para la corriente (yo compré uno allí :D), pasando por todo tipo de material electrónico, hasta tiendas de electrodomésticos, videojuegos, cómics, merchandaising. Me acuerdo de una tienda en la que había consolas de todos los tiempos. Nos hubiésemos comprado todo lo que vendían (lástima que estaba en japonés XD). NES, SNES, NEO GEOs, ATARIs, GAME BOYs, MASTER SISTEMs. ¡BRUTAL!

Una de las cosas que descubrí allí y que me sorprendió mucho, es que en Japón, Naruto no es muy famoso, en cambio Evangelion es una religión. A pesar de los casi 20 años que tiene la serie, te la encuentras en todas partes. ¡Y pensar que aquí es al revés! XD

Shibuya es más cultural. Y muy comercial. ¡Que a nadie se le ocurra visitarla antes de las 11! Todo está cerrado, porque en Japón la mayoría de comercios abre a las 10 o las 11. Las tiendas son una pasada. Son obras de arte. Y hay miles. Centenares de miles. Mencionar la tienda Disney, que es como un pequeño castillo y que te devuelve a la infancia, o un centro comercial de 8 plantas con cosas de hobbys (aunque en el que puedes encontrar un poco de todo), con una planta entera de papelería, otra de complementos para el móvil, otra de maquetas, otra de pintura, etc., o la tienda de la Champions, ¡para los amantes del fútbol! Obviamente, también hay Zara's y Bershka's y todo tipo de tiendas de ropa para ir la última moda XD





¡Muy importante! Especialmente en esta zona (y en la mayoría de centros comerciales del país) los restaurantes están en los bajos o en lo alto de los edificios. Depende del tamaño del edificio tienes algunos en lo que cada restaurante ocupa una planta (pequeños) o que en una planta encuentres como 10 restaurantes diferentes (si es un centro comercial grande). Nosotros nos metimos al azar en uno de ellos y le dimos al botón del ascensor. La primera parada resultó ser un coreano que no nos moló (¡el ascensor se metía dentro del restaurante! Es un poco cortante, especialmente si no vas a quedarte) así que bajamos una planta y... ¡Shabu-shabu! ¡Y sin saberlo! Fue una de las mejores experiencias culinarias del viaje. El Shabu-shabu es como una fondue, en el que metes verduras y carne a hervir en una olla y te lo comes con salsa. Y lo curioso de ese restaurante es que te cobraban por cantidad de carne (todo lo demás estaba incluido en el precio) ¡y por tiempo que querías para comer! (hora o hora y media).



El paso de peatones de Shibuya es más espectacular en la tele que en vivo, pero es curioso de ver la cantidad de gente que lo cruza cuando el lugar está lleno. Imprescindible hacerse una foto en Hachiko, el lugar de encuentro por excelencia de la zona, con la estatua del perro que da nombre al lugar. De noche hay mucho ambiente, con muchos karaokes y bares (izakayas). 


Si Shibuya es el hermano pijo, Shinjuku es el gamberro. Dividido en dos partes claramente diferenciadas, la Este y la Oeste, (unidas por los laberínticos pasillos subterráneos de la estación de tren y metro, ¡que de una punta a otra deben medir más de un kilómetro!), tenemos la zona de los rascacielos (zona financiera), donde es obligatoria una visita al ayuntamiento y a su planta 45 para una panorámica de la ciudad (¡es gratis! y con un ascensor destinado solamente a este fin), y donde puedes meterte dentro de algunos de estos sorprendentes edificios infinitos para disfrutar de su interior (¡sí, por la jeta! ¡Incluso hay restaurantes dentro!). Nosotros entramos en un edificio que estaba hueco de dentro, ¡y en medio había un gran reloj Saiko que daba miedo! Debía medir como 20 metros O.O





La otra zona es la de las tiendas (rarísimas, ¡vimos una tienda de violines!) y la del barrio rojo, con locales de striptease y esas cosas (pero todo muy limpio y discreto XD). Hay unas callejuelas súper estrechas y con una pinta un poco... Pero, aún así, el ambiente en el lugar es magnífico. 



Otro lugar muy interesante es Shiba Park y la Torre de Tokyo, que es el lugar en el que teníamos el hotel. Se trata de una zona en la que predominan los trabajadores, por lo que, a hora punta, todas las calles se llenan de gente trajeada que va a trabajar o que vuelve. Por la noche es normal ver salarimen que van de copas y luego regresan a sus casas completamente borrachos, dando tumbos por la calle XD





La vista nocturna de la Torre de Tokyo es espectacular, pero subir es aún más impactante. Nosotros lo hicimos por la noche (creo que es lo mejor, porque cierran tarde, en cambio en el ayuntamiento creo que no) y la vista es impresionante, como en Blade Runer. Ves toda la ciudad iluminada, enorme y futurista. 



Uno de los lugares que me sorprendió gratamente fue el Parque de Ueno, un lugar precioso para pasear, con un par de templos y un lago, y que aún tiene que ser mejor con los cerezos florecidos. Y también los alrededores, sobretodo el mercado de Ameyoko, un barrio lleno de galerías y tiendecitas donde puedes encontrar de todo y con un mercado de pescado al aire libre que es muy muy auténtico, con vendedores con cintas en la cabeza y gritando que les compres pescado del más bueno XD. Cabe mencionar que en Japón hay muchísimas galerías y calles comerciales cubiertas en las que se amontonan centenares de tiendas y en la que puedes encontrar cualquier cosa que necesites. 




Cerca de Ueno, y a un viaje en metro desde la estación con el mismo nombre hasta Asakusa, está el templo de Senjo-ji, el más grande Tokyo. Es un lugar espectacular, rodeado de un pequeño mercadillos y en el que las calles colindantes están llenas de tiendecitas en las que venden cosas tradicionales, como máscaras, kimonos, cuchillos, recuerdos, ¡es genial! Es uno de los puntos en los que encuentras más turistas, porque en el resto de Tokyo, es complicado.



En conclusión: Tokyo es genial, espectacular y un lugar que, si se puede, hay que visitar una vez en la vida.  Es sorprendente en muchos sentidos, la comida es buena, barata y hay miles de cosas que ver. En próximas entradas hablaré de los pueblos en Honshu central que visitamos y también sobre Kyoto.



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