Viaje a Japón 2: Honshu central
Aquí traigo la segunda parte de mis
emocionantes e inolvidables aventuras por tierras japonesas. En la primera entrega os estuve hablando de Tokyo, que fue la primera ciudad que visitamos y
a la que dedicamos cuatro días. En ésta os hablaré de la visita al museo
Ghibli, en Mitaka y el viaje por las tierra centrales de la isla de Honshu que
hicimos en tres días.
Si eres fan de la animación japonesa seguro
que conoces el Estudio Ghibli. Si no es el caso, seguro que has oído a hablar
de «La princesa Mononoke», «El viaje de Chihiro» o, incluso, de «Mi vecino
Totoro», algunos de los films que ha producido este famoso estudio nipón.
En Mitaka, una ciudad situada a 20 minutos en
tren desde la estación de Shinjuku se encuentra el museo Ghibli. Se trata de un
lugar tranquilo, situado junto a un parque, rodeado de casitas unifamiliares de
dos plantas como las que salen en los dibujos y en el que las mamás van en
bicicleta a llevar a sus retoños a la escuela.
Las entradas para el museo no se pueden
comprar en Japón y te las tienes que traer de España (se venden en una agencia
llamada JTB, pero también lo puedes hacer a través de tu própia agencia por un
suplemento).
Yo soy una gran fan de Ghibli desde hace
muchos años y he querido visitar el museo desde que conocí de su existencia (me
prometí a mí misma que sería una de las cosas que haría cuando fuera a Japón).
Pero os tengo que confesar que la visita que decepcionó bastante y que si
puediera volver atrás en el tiempo, quizás no perdería una mañana en Japón para
ir allí (porque, ¡con la de cosas que me quedaron por ver...!).
El lugar muy es gracioso. En la entrada te
encuentras una «taquilla» en la que te recibe un peluche gigante de Totoro. El
edificio tiene una forma que enseguida te hace pensar en las construcciones que
aparecen en las películas. Tiene un patio que lo rodea y tres plantas. En la
primera encuentras un cine en el que se proyectan cortos del estudio (puedes
entrar una vez por visita) y una sala en la que se muestra la evolución de los
métodos de creación de películas animadas desde sus inicios, así como varios
ventanales con escenas de todas las películas que han hecho. En la segunda hay
una reproducción de lugar donde trabajaba Miyazaki (despacho con libros,
ceniceros llenos de cigarrillos, colores y pinturas por todas partes...), así
como cantidad de bocetos de los fotogramas de las películas y acetatos,
pintados o no, máquinas para montar las escenas, etc. También hay una
biblioteca llena de libros y grabados clásicos (la mayoría europeos) que se supone
que deben haber inspirado al Estudio para hacer sus películas. En la tercera
hay una sala en la que se encuentra un peluche gigante de Gatobús, donde los
niños (¡malditos niños!) se pueden montar un rato. También hay una salida hacia
la azotea donde te espera una estatua del robot de Laputa de «El castillo en el
cielo». Y por último están las dos tiendas, una de libros y la otra de
merchandaising.
Para mi gusto de friquifan, me hubiesen
faltado algunas salas dedicadas a las películas, ya fuera con reproducciones,
explicaciones de las mismas o lo que sea XD
Pero dejando el museo Ghibli atrás, nuestra
primera parada en Honshu central fue Hakone.
Hakone es una zona situada a una hora y poco
de Tokio. Situado cerca de la zona de los Cinco Lagos, es el lugar ideal para
ver el Monte Fuji (sin subirte en él XD). El lugar está lleno de onsen y los
japoneses suelen ir allí los fines de semana para relajarse. Para llegar hasta
alli hay que coger el tren bala hasta Odawara y luego recorrer la zona en
autobús. Hay muchos pueblecitos y enclaves para visitar y si lo planificas bien
puedes verlo todo en un día (eso sí, levantándote temprano). De todos modos,
nosotros decidimos que sólo veríamos lo más importante y dejaríamos los museos
de lado.
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El Monte Fuji |
El viaje hasta el hotel nos llevó como una
hora en autobús (en un autobús auténtico, auténtico), recorriendo las montañas
de la zona. La carretera era tan estrecha que a veces nos preguntábamos cómo
podían pasar dos coches a la vez por ella (el lugar me hizo pensar un poco en
cuando subes hacia el Pirineo de Girona). Creo que la nuestra era la penúltima
parada y cuando bajamos ya no quedaba casi nadie XD
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Hakone-Machi con una vista de los autobuses locales |
Una vez nos hubimos instalado bajamos hasta
Togendai para subir con el teleférico a ver la explotación de azúfre de Owakudani,
donde hay onsen que apestan un montón y donde comimos huevos negros (los
hierven en el agua con azúfre y se ponen de color negro). Dicen que por cada
huevo que te comes ganas un año de vida. Yo me comí tres XD
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Un hombre metiendo huevos en el onsen |
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Yo comiéndome los huevos negros XD |
De regreso a Togendai cogimos el barco pirata
(¡sí, sí, barco pirata! Y en la estación del mismo había una exposición de
figuras de Doraimon haciendo poses) y cruzamos el lago Ashi hasta llegar a
Hakone-machi, donde comimos calamar a la plancha, como ese que come Naruto
cuando se va las ferias XD Caminamos hasta Moto-Hakone pasando por el bosque de
cedros alineados y regresamos con el barco pirata hasta Togendai para ir al
hotel, no sin antes meternos en un conbini y arrasar comprando ramen para
preparar (como en las habitaciones de los hoteles japoneses siempre hay una
jarra electrica para calentar agua, no hay problema) galletas de Evangelion (la
región de Hakone es donde construyen Tokyo-III en el anime de Evangelion y por
eso lo tienen por todas partes), cerveza japonesa y yo que sé cuantas porquerías
más.
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El barco pirata que surca el lago Ashi |
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Un pusto de pulpo y mazorcas a la plancha. El vendedor era súper auténtico, lástima que no sale en la foto... |
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Exposición de Doraimon |
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Máquina expendedora de bebidas con imágenes chibis de Evangelion |
Una vez en el hotel fuimos a probar los
onsen. Fue toda una experiéncia. Primero nos daba miedo, porque como los baños
están separados por sexos, mi marido y yo no nos podíamos meter juntos. Pero al
final nos animamos y fue genial.
Allí bañarse es un ritual. Cuando llegas, te
metes en un cuarto común y te despelotas (¡en bolas total! ¡y lleno de gente
que no conoces de nada y que te miran raro porque eres un gaijín!
(extranjero)), guardas tus cosas en una taquilla o cesto y te metes en otra sala
en la que hay las duchas. Para ducharte lo tienes que hacer sentado en un
taburete O.o Es raro XD Cuando estás completamente limpio, te metes en la
bañera interior o te sales al onsen, que está en el patio. ¡Al aire libre! El
agua está a 40ºC y el contraste es muy agradable. Te metes un rato, y sales
otro rato porque estás como una gamba, luego te vuelves a meter y vuelves a
salir. Y así hasta que estás harto XD Luego te vuelves a la sala donde te has
desvestido, te arreglas (si quieres te peinas o te pasas el secador o lo que
sea) y para la habitación a cenar. Es muuuuuuuy relajante.
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¡Qué mona estoy con yukata! |
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¡La cena! |
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Una tetera eléctrica para calentar agua. |
Nuestro siguiente destino era Takayama, en
los Alpes Japoneses. Por eso, al siguiente día regresamos a Odawara muy pronto
por la mañana (a las 7 menos diez pasaba el autobús) y volvimos a coger el tren
bala hasta Nagoya. Pero hubo un fallo y cogimos el tren que no era XD El
destino era el mismo, pero resulta que cogimos el que se para en toooooooodas
las estaciones en vez del directo U.U En Nagoya hicimos trasbordo y cogimos
otro tren, esta vez un expresso hacia el norte. Comimos en el tren, como es
costumbre allí si te pilla la hora de comer durante el viaje (alrededor de las
12) y así cuando llegamos pudimos visitar la zona hasta que se hizo de noche.
Takayama es un pueblo pequeñito de montaña.
Anque hacía calor, todavía quedaban restos de nieve en algunas partes del
pueblo. El lugar es famoso porque conservan casas antiguas muy hermosas, porque
hacen un sake muy bueno y por la ternera, que probamos en la cena y es BUENÍSIMA
(no se puede decir lo mismo del sake, al menos no del que probamos nosotros,
que era como una pasta de arroz con alcohol y sabía muy mal). El centro
histórico puede hacerse en apenas una hora porque son sólo cuatro o cinco
calles. Hay varias casas antiguas restauradas que se pueden visitar por dentro
y por las mañanas hay dos mercados de artesanía local junto al río. Al oeste de
la ciudad hay un recorrido de varios templos y cementerios para visitar llamado
Higashiyama Teramachi. Y a las afueras en el otro extremo del pueblo, hay la
Hida no Sato, un conjunto de casas típicas de granjeros (con los tejados de
paja y eso).
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¡Qué cosa más bonita! |
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¡Nieve! |
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Un cementerio |
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Una fábrica de sake. |
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Un Tanuki en la puerta de un bar |
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Comiendo ternera de Takayama en una plancha integrada en la mesa |
Desafortunadamente para nosotros, no pudimos
visitar la Hida no Sato, porque el día de nuestra llegada no nos dio tiempo
(llegamos sobre las dos y entre ir al hotel, recorrer el centro, hacer el
Higashiyama Teramachi por encima, se nos acabó el poco día que nos quedaba,
porque en Japón oscurece pronto). Y a la mañana siguiente, cuando queríamos ir
antes de coger el tren para el siguiente destino, se puso a llover a cántaros y
luego nos perdimos y tuvimos que dar media vuelta.
Ese día fue una auténtica aventura.
Nuestro siguiente destino era Kanazawa, que
está tocando la costa norte de Japón. Teníamos que cojer un tres para cruzar
las montañas hasta llegar a Toyama y luego cojer otro hasta Kanazawa. Como he
dicho, esa mañana se puso a llover a cántaros. Cuando fuimos a la estación de
tren nos dijeron que podíamos cojer un expresso, que salía a las 11 y pico de
la mañana o un regional, que salía antes, pero que paraba en toooodas las
estaciones y llegaba a la misma hora. Como no teníamos nada que hacer y con el
tiempo ya no podíamos visitar nada, decidimos cojer el regional.
Resultó que un revisor intentó advertirnos de
que la vía estaba cortada a medio camino por las inclemencias del tiempo
(soplaba mucho viento), pero no le entendimos y subimos al tren igualmente.
Menuda sorpresa cuando, a mitad de camino, nos paramos en una estación y se
suben tres revisores y nos dicen que es final de trayecto. Y nosotros: «¿cómo
que final de trayecto? ¡Si vamos a Toyama!». Y entonces con señas y algo de
inglés nos explicaron que la linea estaba cortada (normal, porque si vierais la
vía, fliparíais, pasa por unos sitios que dices ¡joder!). ¡Ay, mi madre!
¡Perdidos en un pueblo de mierda en medio de los Alpes Japoneses! ¡Y todo lleno
de nieve y viento y lluvia! ¡Y la parada del tren era como de las películas
antiguas, hecha de madera, con una puerta corredera que no cerraba bien y se
oía el viento por ahí!
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¡Qué frío! |
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La parada de tren perdida en el monte (había mangas para leer gratis) |
Afortunadamente los japoneses son muy
eficientes y en menos de media hora había un autobús allí que nos llevó a
nosotros dos, a una anciana y a dos jovencitas (todos los que nos habíamos
quedado tirados) hasta nuestro destino. Lo de la anciana fue buenísimo, porque
se puso a hablar con mi marido en una escena muy parecida a «Lost in
translation». La mujer le intentaba explicar que la vía estaba cerrada por el
tiempo y que ahora venía un autobús a recogernos. Yo la entendía, pero no podía
hablar porque me dió un ataque de risa y tenía que disimular. Y él, que
intentaba entenderla, le hablaba en castellano y catalán XDDDDDDDDDD
La broma del autobús nos costó 20€, pero nos
dejó en la puerta de la estación de Toyama, donde, sin más contratiempos (incluso pudimos comer un bento en la sala de
espera sentados en el suelo como unos raros XD) y después de un viaje de cuatro
horas, cogimos otro tren hasta Kanazawa.
Al llegar estabamos consados, mojados y hartos.
Por suerte el hotel estaba en la misma puerta de la estación de trenes así que
el chek-in fue rápido y pudimos
descansar un rato antes de salir a la aventura otra vez. Fue una mala idea
porque la lluvia y el viento no habían menguado. Se nos rompió el paraguas, nos
pusimos de agua hasta las cejas y nos agobiamos un montón. Al final optamos por
dar media vuelta, asaltar el combini que había junto al hotel y encerrarnos en
la habitación hasta la mañana siguiente, rezándole a los dioses del cielo para
que dejara de llover.
Nos escucharon porque al día siguiente,
aunque estuvo nublado, apenas llovió XD
Redujimos la visita a una mañana porque ese
mismo día teníamos que dormir en Kyoto y había un viaje de dos horas y media de
por medio. De todos modos fue suficiente para ver lo más importante.
Cabe mencionar una cosa MUY fuerte que nos
pasó. Y es que de buena mañana, mientras cogíamos el autobús turístico para dar
una vuelta por la ciudad (es muy práctico, se para en todos los lugares
turísticos y tiene una frecuéncia de 10 min), ¡NOS ENCONTRAMOS A LA ANCIANA DE
LA PARADA DE TREN DE LA MONTAÑA! Así como lo leeis. Pensad que habíamo cogido
un tren desde Toyama y que Kanazawa es una ciudad muy grande (unos 450.000
hab). Fue muy bueno. Le dije a Fran «Oye, esas es la de ayer» y me dice «Ostia,
sí». Y le dijo «hola» y la mujer se puso muy contenta al reconocernos y nos
dijo «Ohayo». Se ve que viajaba sola y también debía estar de visita turística
como nosotros.
Kanazawa tiene cosas bonitas para ver. Hay el
antiguo barrio de geishas de Higashi con casas centenarias que, aunque no es
tan bonito como Gion, tiene su encanto. Después está el Castillo que
reconstruyeron hace unos años pero que es igual que el original. Otra cosa muy
muy hermosa es el parque de Kenrokuen. Es de lo más bonito que he visto. Un
auténtico jardín japonés de gran envergadura. Luego está el distrito de
Nagamachi donde hay antiguas casas de samurais que se pueden visitar y unas
callejuelas muy bien conservadas que te transportan al pasado. También hay el
mercado de Omicho, en el que principalmente venden pesacdo y se puede comer
sushi super fresco. Y por último el templo de Oyama, que es muy cuco y original
por que la puerta la diseñó un holandés.
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Barrio de geishas |
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Paraguas típico japonés: 500 yenes |
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En los parques hacen virguerias con los árboles |
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¡Como en los dibujos! |
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Y con puertas correderas de papel |
Lo cierto es que fue una mañana muy provechosa, visitamos un montón de cosas y andamos tanto que a las 2 de la tarde estábamos para el arrastre. Así que fuimos al hotel a recuperar nuestras maletas y pillamos un expreso hacia Kyoto (no sin antes ir a comer a un chino, descubriendo que la comida de los chinos japoneses no tiene NADA que ver con la que dan en los chinos de aquí :D).
Y hasta aquí la segunda parte de esta crónica. Próximamente, ¡Kyoto!
Otras entradas:
Menuda aventura XD mm~ curioso eso de los huevos negros =O Y me da frío de ver las fotos con la nieve, pero qué bonito todo, y qué casualidad con la abuelita XD
ResponderEliminarTal como era de esperar, se ve que lo habéis pasado en grande. Sigo tomando buena nota de todo cuanto nos cuentas, y... ¡a ver cuándo vienen las siguientes entregas! ¡las quiero YAAAA! ;D
ResponderEliminarAunque digas que el museo Ghibli acaba sabiendo a poco a mí me da igual, tengo claro que no me pienso volver de Japón sin haberlo visitado... ¡y eso suponiendo que no me quede de "okupa" en el Gatobús gigante! (si les digo que "soy un niño grande" igual me dejan subir, quién sabe xDDDD)
En cuanto a Hakone, Laura y yo también iremos, será la segunda etapa de nuestro viaje después de pasar cinco días en Tokio y alrededores... y de hecho allí haremos dos noches, ya que nosotros SÍ que tenemos planeado subir al Monte Fuji. Va a ser una paliza antológica, pero seguro que vale la pena. ^^
Y qué curioso lo de la ancianita del tren... Si es que el mundo es un pañuelo, definitivamente. xDD
Laura, pues es curioso pero aunque había nieve, no hacía mucho frío (yo llevo gorro porque soy un poco exagerada XD). De hecho, donde pasamos más frío fue el lugar en el que menos lo esperábamos: Nara. Allí sí que casi nos quedamos congelados. ¡Por Dios, qué frío! Y eso que es la ciudad más al sud que visitamos...
ResponderEliminarKatsu vaya palo subirse al Fuji. Ya os lo regalo XD Yo lo que sí hubiese hecho el camino de santiago japonés, en el sud, pero va a ser que no entraba dentro de nuestra ruta ^^'.
Y sobre Hakone, si vais a estar por allí, el bono de autobús (hay un par de tipos), mejor compradlo en la estación de Odawara, que sale más barato que si lo compras en Tokyo (te ahoras como 1500 yens!). Que por cierto, en la oficina de autobuses de Odawara ¡nos atendió una chica que hablaba castellano perfectamente! Es la única japonesa que vimos hablar castellano en todo el viaje XD
¡Y hacer el favor de visitar un onsen! ¡Es imprescindible! ¡Genial! ¡SÚPER GENIAL!