lunes, 29 de abril de 2013

Viaje a Japón 2: Honshu central


Aquí traigo la segunda parte de mis emocionantes e inolvidables aventuras por tierras japonesas. En la primera entrega os estuve hablando de Tokyo, que fue la primera ciudad que visitamos y a la que dedicamos cuatro días. En ésta os hablaré de la visita al museo Ghibli, en Mitaka y el viaje por las tierra centrales de la isla de Honshu que hicimos en tres días.



Si eres fan de la animación japonesa seguro que conoces el Estudio Ghibli. Si no es el caso, seguro que has oído a hablar de «La princesa Mononoke», «El viaje de Chihiro» o, incluso, de «Mi vecino Totoro», algunos de los films que ha producido este famoso estudio nipón.


En Mitaka, una ciudad situada a 20 minutos en tren desde la estación de Shinjuku se encuentra el museo Ghibli. Se trata de un lugar tranquilo, situado junto a un parque, rodeado de casitas unifamiliares de dos plantas como las que salen en los dibujos y en el que las mamás van en bicicleta a llevar a sus retoños a la escuela.




Las entradas para el museo no se pueden comprar en Japón y te las tienes que traer de España (se venden en una agencia llamada JTB, pero también lo puedes hacer a través de tu própia agencia por un suplemento).

Yo soy una gran fan de Ghibli desde hace muchos años y he querido visitar el museo desde que conocí de su existencia (me prometí a mí misma que sería una de las cosas que haría cuando fuera a Japón). Pero os tengo que confesar que la visita que decepcionó bastante y que si puediera volver atrás en el tiempo, quizás no perdería una mañana en Japón para ir allí (porque, ¡con la de cosas que me quedaron por ver...!).

El lugar muy es gracioso. En la entrada te encuentras una «taquilla» en la que te recibe un peluche gigante de Totoro. El edificio tiene una forma que enseguida te hace pensar en las construcciones que aparecen en las películas. Tiene un patio que lo rodea y tres plantas. En la primera encuentras un cine en el que se proyectan cortos del estudio (puedes entrar una vez por visita) y una sala en la que se muestra la evolución de los métodos de creación de películas animadas desde sus inicios, así como varios ventanales con escenas de todas las películas que han hecho. En la segunda hay una reproducción de lugar donde trabajaba Miyazaki (despacho con libros, ceniceros llenos de cigarrillos, colores y pinturas por todas partes...), así como cantidad de bocetos de los fotogramas de las películas y acetatos, pintados o no, máquinas para montar las escenas, etc. También hay una biblioteca llena de libros y grabados clásicos (la mayoría europeos) que se supone que deben haber inspirado al Estudio para hacer sus películas. En la tercera hay una sala en la que se encuentra un peluche gigante de Gatobús, donde los niños (¡malditos niños!) se pueden montar un rato. También hay una salida hacia la azotea donde te espera una estatua del robot de Laputa de «El castillo en el cielo». Y por último están las dos tiendas, una de libros y la otra de merchandaising.




Para mi gusto de friquifan, me hubiesen faltado algunas salas dedicadas a las películas, ya fuera con reproducciones, explicaciones de las mismas o lo que sea XD

Pero dejando el museo Ghibli atrás, nuestra primera parada en Honshu central fue Hakone.

Hakone es una zona situada a una hora y poco de Tokio. Situado cerca de la zona de los Cinco Lagos, es el lugar ideal para ver el Monte Fuji (sin subirte en él XD). El lugar está lleno de onsen y los japoneses suelen ir allí los fines de semana para relajarse. Para llegar hasta alli hay que coger el tren bala hasta Odawara y luego recorrer la zona en autobús. Hay muchos pueblecitos y enclaves para visitar y si lo planificas bien puedes verlo todo en un día (eso sí, levantándote temprano). De todos modos, nosotros decidimos que sólo veríamos lo más importante y dejaríamos los museos de lado.

El Monte Fuji
El viaje hasta el hotel nos llevó como una hora en autobús (en un autobús auténtico, auténtico), recorriendo las montañas de la zona. La carretera era tan estrecha que a veces nos preguntábamos cómo podían pasar dos coches a la vez por ella (el lugar me hizo pensar un poco en cuando subes hacia el Pirineo de Girona). Creo que la nuestra era la penúltima parada y cuando bajamos ya no quedaba casi nadie XD

Hakone-Machi con una vista de los autobuses locales

Una vez nos hubimos instalado bajamos hasta Togendai para subir con el teleférico a ver la explotación de azúfre de Owakudani, donde hay onsen que apestan un montón y donde comimos huevos negros (los hierven en el agua con azúfre y se ponen de color negro). Dicen que por cada huevo que te comes ganas un año de vida. Yo me comí tres XD



Un hombre metiendo huevos en el onsen
Yo comiéndome los huevos negros XD

De regreso a Togendai cogimos el barco pirata (¡sí, sí, barco pirata! Y en la estación del mismo había una exposición de figuras de Doraimon haciendo poses) y cruzamos el lago Ashi hasta llegar a Hakone-machi, donde comimos calamar a la plancha, como ese que come Naruto cuando se va las ferias XD Caminamos hasta Moto-Hakone pasando por el bosque de cedros alineados y regresamos con el barco pirata hasta Togendai para ir al hotel, no sin antes meternos en un conbini y arrasar comprando ramen para preparar (como en las habitaciones de los hoteles japoneses siempre hay una jarra electrica para calentar agua, no hay problema) galletas de Evangelion (la región de Hakone es donde construyen Tokyo-III en el anime de Evangelion y por eso lo tienen por todas partes), cerveza japonesa y yo que sé cuantas porquerías más.

El barco pirata que surca el lago Ashi

Un pusto de pulpo y mazorcas a la plancha.
El vendedor era súper auténtico, lástima que no sale en la foto...
Exposición de Doraimon
Máquina expendedora de bebidas con imágenes chibis de Evangelion

Una vez en el hotel fuimos a probar los onsen. Fue toda una experiéncia. Primero nos daba miedo, porque como los baños están separados por sexos, mi marido y yo no nos podíamos meter juntos. Pero al final nos animamos y fue genial.

Allí bañarse es un ritual. Cuando llegas, te metes en un cuarto común y te despelotas (¡en bolas total! ¡y lleno de gente que no conoces de nada y que te miran raro porque eres un gaijín! (extranjero)), guardas tus cosas en una taquilla o cesto y te metes en otra sala en la que hay las duchas. Para ducharte lo tienes que hacer sentado en un taburete O.o Es raro XD Cuando estás completamente limpio, te metes en la bañera interior o te sales al onsen, que está en el patio. ¡Al aire libre! El agua está a 40ºC y el contraste es muy agradable. Te metes un rato, y sales otro rato porque estás como una gamba, luego te vuelves a meter y vuelves a salir. Y así hasta que estás harto XD Luego te vuelves a la sala donde te has desvestido, te arreglas (si quieres te peinas o te pasas el secador o lo que sea) y para la habitación a cenar. Es muuuuuuuy relajante.

¡Qué mona estoy con yukata!
¡La cena!

Una tetera eléctrica para calentar agua.

Nuestro siguiente destino era Takayama, en los Alpes Japoneses. Por eso, al siguiente día regresamos a Odawara muy pronto por la mañana (a las 7 menos diez pasaba el autobús) y volvimos a coger el tren bala hasta Nagoya. Pero hubo un fallo y cogimos el tren que no era XD El destino era el mismo, pero resulta que cogimos el que se para en toooooooodas las estaciones en vez del directo U.U En Nagoya hicimos trasbordo y cogimos otro tren, esta vez un expresso hacia el norte. Comimos en el tren, como es costumbre allí si te pilla la hora de comer durante el viaje (alrededor de las 12) y así cuando llegamos pudimos visitar la zona hasta que se hizo de noche.

Takayama es un pueblo pequeñito de montaña. Anque hacía calor, todavía quedaban restos de nieve en algunas partes del pueblo. El lugar es famoso porque conservan casas antiguas muy hermosas, porque hacen un sake muy bueno y por la ternera, que probamos en la cena y es BUENÍSIMA (no se puede decir lo mismo del sake, al menos no del que probamos nosotros, que era como una pasta de arroz con alcohol y sabía muy mal). El centro histórico puede hacerse en apenas una hora porque son sólo cuatro o cinco calles. Hay varias casas antiguas restauradas que se pueden visitar por dentro y por las mañanas hay dos mercados de artesanía local junto al río. Al oeste de la ciudad hay un recorrido de varios templos y cementerios para visitar llamado Higashiyama Teramachi. Y a las afueras en el otro extremo del pueblo, hay la Hida no Sato, un conjunto de casas típicas de granjeros (con los tejados de paja y eso).

¡Qué cosa más bonita!

¡Nieve!

Un cementerio

Una fábrica de sake.


Un Tanuki en la puerta de un bar
Comiendo ternera de Takayama en una plancha integrada en la mesa

Desafortunadamente para nosotros, no pudimos visitar la Hida no Sato, porque el día de nuestra llegada no nos dio tiempo (llegamos sobre las dos y entre ir al hotel, recorrer el centro, hacer el Higashiyama Teramachi por encima, se nos acabó el poco día que nos quedaba, porque en Japón oscurece pronto). Y a la mañana siguiente, cuando queríamos ir antes de coger el tren para el siguiente destino, se puso a llover a cántaros y luego nos perdimos y tuvimos que dar media vuelta.

Ese día fue una auténtica aventura.

Nuestro siguiente destino era Kanazawa, que está tocando la costa norte de Japón. Teníamos que cojer un tres para cruzar las montañas hasta llegar a Toyama y luego cojer otro hasta Kanazawa. Como he dicho, esa mañana se puso a llover a cántaros. Cuando fuimos a la estación de tren nos dijeron que podíamos cojer un expresso, que salía a las 11 y pico de la mañana o un regional, que salía antes, pero que paraba en toooodas las estaciones y llegaba a la misma hora. Como no teníamos nada que hacer y con el tiempo ya no podíamos visitar nada, decidimos cojer el regional.

Resultó que un revisor intentó advertirnos de que la vía estaba cortada a medio camino por las inclemencias del tiempo (soplaba mucho viento), pero no le entendimos y subimos al tren igualmente. Menuda sorpresa cuando, a mitad de camino, nos paramos en una estación y se suben tres revisores y nos dicen que es final de trayecto. Y nosotros: «¿cómo que final de trayecto? ¡Si vamos a Toyama!». Y entonces con señas y algo de inglés nos explicaron que la linea estaba cortada (normal, porque si vierais la vía, fliparíais, pasa por unos sitios que dices ¡joder!). ¡Ay, mi madre! ¡Perdidos en un pueblo de mierda en medio de los Alpes Japoneses! ¡Y todo lleno de nieve y viento y lluvia! ¡Y la parada del tren era como de las películas antiguas, hecha de madera, con una puerta corredera que no cerraba bien y se oía el viento por ahí!

¡Qué frío!

La parada de tren perdida en el monte (había mangas para leer gratis)

 Afortunadamente los japoneses son muy eficientes y en menos de media hora había un autobús allí que nos llevó a nosotros dos, a una anciana y a dos jovencitas (todos los que nos habíamos quedado tirados) hasta nuestro destino. Lo de la anciana fue buenísimo, porque se puso a hablar con mi marido en una escena muy parecida a «Lost in translation». La mujer le intentaba explicar que la vía estaba cerrada por el tiempo y que ahora venía un autobús a recogernos. Yo la entendía, pero no podía hablar porque me dió un ataque de risa y tenía que disimular. Y él, que intentaba entenderla, le hablaba en castellano y catalán XDDDDDDDDDD

La broma del autobús nos costó 20€, pero nos dejó en la puerta de la estación de Toyama, donde, sin más contratiempos  (incluso pudimos comer un bento en la sala de espera sentados en el suelo como unos raros XD) y después de un viaje de cuatro horas, cogimos otro tren hasta Kanazawa.

Al llegar estabamos consados, mojados y hartos. Por suerte el hotel estaba en la misma puerta de la estación de trenes así que el chek-in fue rápido  y pudimos descansar un rato antes de salir a la aventura otra vez. Fue una mala idea porque la lluvia y el viento no habían menguado. Se nos rompió el paraguas, nos pusimos de agua hasta las cejas y nos agobiamos un montón. Al final optamos por dar media vuelta, asaltar el combini que había junto al hotel y encerrarnos en la habitación hasta la mañana siguiente, rezándole a los dioses del cielo para que dejara de llover.

Nos escucharon porque al día siguiente, aunque estuvo nublado, apenas llovió XD

Redujimos la visita a una mañana porque ese mismo día teníamos que dormir en Kyoto y había un viaje de dos horas y media de por medio. De todos modos fue suficiente para ver lo más importante.

Cabe mencionar una cosa MUY fuerte que nos pasó. Y es que de buena mañana, mientras cogíamos el autobús turístico para dar una vuelta por la ciudad (es muy práctico, se para en todos los lugares turísticos y tiene una frecuéncia de 10 min), ¡NOS ENCONTRAMOS A LA ANCIANA DE LA PARADA DE TREN DE LA MONTAÑA! Así como lo leeis. Pensad que habíamo cogido un tren desde Toyama y que Kanazawa es una ciudad muy grande (unos 450.000 hab). Fue muy bueno. Le dije a Fran «Oye, esas es la de ayer» y me dice «Ostia, sí». Y le dijo «hola» y la mujer se puso muy contenta al reconocernos y nos dijo «Ohayo». Se ve que viajaba sola y también debía estar de visita turística como nosotros.

Kanazawa tiene cosas bonitas para ver. Hay el antiguo barrio de geishas de Higashi con casas centenarias que, aunque no es tan bonito como Gion, tiene su encanto. Después está el Castillo que reconstruyeron hace unos años pero que es igual que el original. Otra cosa muy muy hermosa es el parque de Kenrokuen. Es de lo más bonito que he visto. Un auténtico jardín japonés de gran envergadura. Luego está el distrito de Nagamachi donde hay antiguas casas de samurais que se pueden visitar y unas callejuelas muy bien conservadas que te transportan al pasado. También hay el mercado de Omicho, en el que principalmente venden pesacdo y se puede comer sushi super fresco. Y por último el templo de Oyama, que es muy cuco y original por que la puerta la diseñó un holandés.

Barrio de geishas

Paraguas típico japonés: 500 yenes
En los parques hacen virguerias con los árboles
¡Como en los dibujos!
Y con puertas correderas de papel 

Lo cierto es que fue una mañana muy provechosa, visitamos un montón de cosas y andamos tanto que a las 2 de la tarde estábamos para el arrastre. Así que fuimos al hotel a recuperar nuestras maletas y pillamos un expreso hacia Kyoto (no sin antes ir a comer a un chino, descubriendo que la comida de los chinos japoneses no tiene NADA que ver con la que dan en los chinos de aquí :D).

Y hasta aquí la segunda parte de esta crónica. Próximamente, ¡Kyoto!


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3 comentarios:

  1. Menuda aventura XD mm~ curioso eso de los huevos negros =O Y me da frío de ver las fotos con la nieve, pero qué bonito todo, y qué casualidad con la abuelita XD

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  2. Tal como era de esperar, se ve que lo habéis pasado en grande. Sigo tomando buena nota de todo cuanto nos cuentas, y... ¡a ver cuándo vienen las siguientes entregas! ¡las quiero YAAAA! ;D

    Aunque digas que el museo Ghibli acaba sabiendo a poco a mí me da igual, tengo claro que no me pienso volver de Japón sin haberlo visitado... ¡y eso suponiendo que no me quede de "okupa" en el Gatobús gigante! (si les digo que "soy un niño grande" igual me dejan subir, quién sabe xDDDD)

    En cuanto a Hakone, Laura y yo también iremos, será la segunda etapa de nuestro viaje después de pasar cinco días en Tokio y alrededores... y de hecho allí haremos dos noches, ya que nosotros SÍ que tenemos planeado subir al Monte Fuji. Va a ser una paliza antológica, pero seguro que vale la pena. ^^

    Y qué curioso lo de la ancianita del tren... Si es que el mundo es un pañuelo, definitivamente. xDD

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  3. Laura, pues es curioso pero aunque había nieve, no hacía mucho frío (yo llevo gorro porque soy un poco exagerada XD). De hecho, donde pasamos más frío fue el lugar en el que menos lo esperábamos: Nara. Allí sí que casi nos quedamos congelados. ¡Por Dios, qué frío! Y eso que es la ciudad más al sud que visitamos...

    Katsu vaya palo subirse al Fuji. Ya os lo regalo XD Yo lo que sí hubiese hecho el camino de santiago japonés, en el sud, pero va a ser que no entraba dentro de nuestra ruta ^^'.
    Y sobre Hakone, si vais a estar por allí, el bono de autobús (hay un par de tipos), mejor compradlo en la estación de Odawara, que sale más barato que si lo compras en Tokyo (te ahoras como 1500 yens!). Que por cierto, en la oficina de autobuses de Odawara ¡nos atendió una chica que hablaba castellano perfectamente! Es la única japonesa que vimos hablar castellano en todo el viaje XD

    ¡Y hacer el favor de visitar un onsen! ¡Es imprescindible! ¡Genial! ¡SÚPER GENIAL!

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