jueves, 30 de mayo de 2013

Viaje a Japón 3: Kyoto

Definitivamente, esta crónica de viaje se me está haciendo eterna. Así que  he decidido ponerme cuanto antes con la última entrega o de lo contrario se me terminará olvidando por completo todo lo que ocurrió XD Así que allá vamos.

Nuestra última parada en Japón fue Kyoto. La ciudad, a la que llegamos en un viaje en un tren express de dos horas y media desde Kanazawa, es una urbe de algo más de un millón y medio de personas. Kyoto representa la tradición en Japón y tiene la particularidad de parecer grande y pequeña al mismo tiempo. Aunque en hora punta el tráfico es fatal y hay mucha gente por la calle, no llegas a tener esa sensación de ajetreo que tienes en Tokyo.  Ni siquiera la parte central de la ciudad ni la estación de tren y autobús llegan a impresionar tanto como lo hacen los de la capital. Lo que sí impresiona es que es mucho más fácil encontrarte elementos tradicionales, como mujeres vestidas con kimono o geishas y maikos en el distrito de Gion.



Relacionado con el hecho de que Kyoto parece más un pueblo grande que una gran ciudad está el tema del transporte. La ciudad tiene metro, pero es un metro de sólo 2 lineas en forma de algo parecido a una cruz. Por ese motivo, usándolo sólo puedes ir al norte o al sur, al este o al oeste partiendo desde el centro. Además, es un medio de transporte caro, puesto que no hay bonos y cada viaje cuesta más de 200 yenes.

Lo cierto es que sorprende que una ciudad tan grande no tenga una red de metro más compleja (Barcelona, por ejemplo, tiene una población parecida a Kyoto y tiene un metro de 11 líneas). De ahí que la mejor opción para moverse por la ciudad sea usar el autobús. De hecho, la primera vez que le echas un vistazo a la red de autobuses que cruza la ciudad, puedes llegar a asustarte. Pero, de todos modos, en cuanto lo has usado un par de veces, enseguida le pillas el truco. Lo único que tiene de malo este medio de transporte es su lentitud (hay muchísimo tráfico en Kyoto) y que los autobuses suelen ir a reventar (más o menos como los trenes de Tokyo en hora punta) y cada vez que tienes que bajar, si tienes la mala fortuna de encontrarte en el fondo (hay que salir por delante), cruzar el bus se convierte en una odisea. Afortunadamente sabemos que los japoneses son muy respetuosos y apenas molestan (¡no podemos decir lo mismo de los demás turistas, que llegan a resultar cargantes en algunos puntos! ¬¬).

Autobús en Kyoto


También existe la posibilidad de hacer ciertos trayectos a pie, pero a veces las distancias engañan en los mapas y lo que parece un paseo se convierte en una caminata de 40 minutos.

Debido al retraso acumulado por el día de viaje perdido entre Takayama y Kanazawa y el mal tiempo que encontramos al llegar al segundo, sólo estuvimos dos días y medio (casi tres) en Kyoto, que incluyeron una visita a Nara, un pueblo situado a una hora entren de la ciudad. De todos modos, se trata de una ciudad que se puede en un par de días. Visitar Kyoto significa visitar historia viva. Hay como dos mil templos en la ciudad (unos 6 de visita obligada), castillos, calles antiguas, casas de té, jardines y yo que sé cuantas cosas más.

Nuestro primer día (llegamos por la tarde del día anterior, pero entre la caminata de la mañana, el viaje en tren de dos horas y media, la caminata que tuvimos que hacer para llegar al hotel (30 minutos andando) y lo chula que resultó ser la habitación del apart-hotel, nos fuimos a comer y luego a la cama) lo dedicamos a los básicos. A las 8 de la mañana ya estábamos en el Ginkaku-ji, el Templo Plateado, un lugar preciosísimo y a esa hora de la mañana tranquilísimo. La estampa del lugar es de postal, con el templo de madera, un jardín espectacular, los jardines de arena, el lago... ¡Parece de mentira!

Ginkaku-ji

Al salir de allí bajamos por el Camino de la Sabiduría, que seguramente hubiese sido mucho más bonito si los cerezos hubiesen florecido, pero que aún así resultó divertido, porque seguir el riachuelo es muy agradable y el lugar está lleno de locales de lo más variopintos y extravagantes. Durante el trayecto visitamos un par de templos en uno de los cuales pudimos ver una ceremonia budista, con sus cánticos y sus mantras (algo que me puso la piel de gallina y casi me hace llorar). Y también vimos "el señor de los gatos", un hombre que daba de comer a unos gatos en un bosquecillo y éstos le seguían como si fuera un dios.

Casita en el Camino de la Sabiduría

Al terminar, abandonamos la tranquilidad de las afueras y viramos hacia la ciudad otra vez, siguiendo el rio, pasando junto a una cascada artificial muy espectacular, caminando junto al zoo y llegando al Torii gigante (muy gigante). En ese punto buscamos una parada de autobús y pusimos rumbo al Kinkaku-ji, el Templo Dorado. Llegamos sobre las 12 y era hora punta. Estaba realmente lleno de gente. Tuvimos que hacer cola, pasear como si fuéramos parte de un rebaño y esperar para hacernos una foto. El Kinkaku-ji es espectacular porque está chapado en oro, pero en realidad no es gran cosa: el templo es pequeño y el jardín, más bien discreto. Aún así, merece la pena visitarlo, porque es una estampa típica de la ciudad.

Kinkaku-ji

Después de eso queríamos visitar el Ryoan-ji (ese famoso jardín de piedras) ,pero entre que estaba todo lleno, era la hora de comer y había hambre y empezábamos a andar escasos de fondos (cada entrada a un templo cuesta unos 500 yenes, si soy dos y los sumas todos... es una putada XD), decidimos que era hora de ir a zampar, por lo que, a falta de un restaurante (no encontramos ninguno por la zona O_o), nos metimos en un combini.

Con el estómago lleno regresamos al centro de la ciudad. La siguiente parada fue el Castillo de Nijo, que te transporta al pasado, con espectaculares pinturas en las paredes y en las puertas correderas y que sólo se puede visitar mientras hay luz diurna, porque no hay luz artificial para no estropear su conservación. El jardín también es muy hermoso y está super bien cuidado, con multitud de jardineros cortando las ramitas sobrantes de los árboles ¡una por una! Lo chulo del tema fue que para visitar el lugar nos tuvimos que quitar los zapatos (eso sucede en bastantes sitios) y aunque no puedes visitar las estancias y las tienes que ver desde el circuito, la sensación era como de formar parte de la historia.

Castillo de Nijo


Como no podía ser de otra manera el último destino de nuestra visita ese día fueron Pontocho y el barrio de Gion, terminando en el templo de Yasaka. Pontocho es la calle en la que en la antigüedad se encontraban los locales en los que trabajaban las geishas, una estrecha y larga abertura entre los edificios que conserva el encanto de lo antiguo. Gion es el hanamachi de Kyoto y conserva muchas casas tradicionales de madera oscura. Todavía hay geishas en activo trabajando en la zona y si tienes suerte, puedes encontrarte alguna yendo a algún lugar, especialmente por la tarde. Nosotros tuvimos la inmensa suerte de cruzarnos con estas dos maikos mientras paseábamos por el lugar. El encuentro fue tan inesperado que las fotos salieron mal XD Reconozco que me puse muy nerviosa u.u''

Ponto-cho

Gion

¡Dos geishas!


El templo de Yasaka también es hermoso de visitar (la puerta principal es muy llamativa y la cantidad de lamparas de papel también) y como coincidió que el día que lo visitamos era 20 de marzo (festivo en Japón) encontramos cantidad de gente ataviada con kimonos en el lugar (aunque eso es relativo, porque en Kyoto es fácil encontrar mujeres en kimono en cualquier día y en cualquier parte).

Templo de Yasaka

Nuestro segundo día de estancia en Kyoto (que precisamente era el 21 de marzo, mi cumpleaños :3) lo dedicamos a la visita de la ciudad de Nara. Nara es una pequeña ciudad situada al sur de Kyoto que tiene dos de los templos más impresionantes que recuerdo. El viaje puede hacerse en tren y si se tiene suerte y se coge un directo éste dura menos de una hora. Tengo que reconocer que Nara me pareció una ciudad muy cuca, con un aire turístico (es el lugar en el que encontramos más turistas de todo Japón, quizás porque la densidad de población es más baja), con muchos puestos y tiendas de suvenirs, y muchos restaurantes, pero a la vez tradicional que la hacían muy agradable de recorrer. Además, tiene puntos de información turística por todas partes y sus empleados están siempre dispuestos para echarte una mano, darte un mapa o indicarte el camino. Lo que sí recuerdo con cierto desagrado era el frío. Es el lugar en el que pasé más frío de todo Japón. Y eso que hacía un sol impresionante ese día O.o

Los tres imprescindibles de Nara son: el templo de Kofukuji (que desgraciadamente estaba en obras cuando lo visitamos X'D), el templo Todaiji (que tiene la estatua de Buda gigante y es la construcción de madera más grande del mundo) y el santuario de Kasuga Taisha (escondido en medio del bosque y que está plagado de linternas, tanto de piedra como de metal, además, hay sacerdotisas (con la ropa tradicional: parte de arriba blanca y pantalones rojos) y allí pudimos ver como "bautizos" de niños (las familias super arregladas iban con los bebes al templo)). Además, todo el lugar, que está como en medio del bosque, está lleno de ciervos, y les puedes tocar y comprar comida para que se te acerquen XD Eso sí, aunque hermosa, la caminata es larga.

Templo de Todaiji

Estatua de Buda gigante

Ciervos: mensajeros de los Dioses

Santuario del Kasuga Taisha

Santuario de Kasuga Taisha


Después de comer y dar una vueltecita por las galerías comerciales de la ciudad, regresamos a Kyoto, haciendo un alto en el camino en Fushimi-ku, a una parada de tren de Kyoto, para visitar el templo Fushimi Inari, dedicado al dios Inari (el zorro XD) que guarda las llaves del granero y representa la prosperidad de las cosechas, y que es famoso por sus miles de Torii, que donan las familias pudientes, y que conforman esos caminos que rodena toda la montaña en la que se encuentra el templo, en un camino infinito, claustrofóbico y muy rojo. El lugar tiene un halo mágico, como de paisaje sobrenatural, y está plagado de estatuas de zorros y de mini toriis que la gente compra para hacer ofrendas.

Dios Inari con las llaves del granero


Camino de Toriis


Con todo esto, llegamos a nuestro último día de estancia en Japón. A pesar de que nuestro vuelo salía a las 11 de la noche, estábamos tan cansados y tan tristes que no teníamos un plan efectivo para ese día. Nos levantamos tarde y decidimos ir a dar una vuelta por el centro comercial que se encuentra en Shijo Karawamachi. Pero, como siempre, las tiendas estaban cerradas hasta las 11. Aburridos, cogimos el mapa y elegimos un templo al azar para hacer una visita. Pero el destino decidió que habíamos hecho una mala elección (creo que, de hecho, así había sido) y mientras esperábamos en la parada del autobús, un chico japonés se nos acercó (al principio me dio miedo, lo reconozco X'D) y nos preguntó dónde íbamos. Después de intercambiar algunas frases en inglés (todos lo hablábamos mal X'D) nos dijo que su templo favorito estaba en la zona de Higashiyama. Yo creía que ya habíamos visitado la zona, pero resulta que ¡NO! Y menudo sacrilegio si no lo hubiésemos hecho, porque, para mí, es la mejor zona de todo Kyoto. Así que como no teníamos nada mejor que hacer, cambiamos la destinación por esa.

Para empezar y sólo al llegar, nos encontramos con que un pequeño templo a medio camino en una calle bastante empinada, estaban realizando una sesión fotográfica a dos geishas. No estamos muy seguros de si eran geishas de verdad (lo parecían) o eran actrices, pero desde luego daban el pego. Como un par de cotillas, estuvimos por ahí espiando un poco y echando algunas fotos (había unas chicas japonesas haciendo lo mismo XD). Cuando nos hubimos hartado, terminamos de subir la cuesta hasta llegar a la pagoda de Yasaka y un coche casi nos atropella. Yo le maldije los huesos al conductor, pero entonces el coche se detuvo y de su interior bajó la cosa más mona que os podáis imaginar. Era una niña pequeña (unos seis años) vestida como una maiko, con un kimono precioso, el peinado tradicional, e incluso los zapatos de plataforma. Parecía una muñequita *0* Desgraciadamente no me dio tiempo a echarle una foto. La niña se fue hacia el mismo lugar en el que las otras dos "geishas" estaban siendo fotografiadas.




Tras esa agradable sorpresa cogimos nuestra guía de viaje y empezamos a buscar qué podíamos visitar en la zona. Pero no tuvimos mucha suerte siguiendo las indicaciones, porque acabamos en un lugar horrible (un templo moderno y feo) en lo alto de una cuesta tan empinada que casi me mata al subirla (creo que si hubiésemos subido un poco más, hubiésemos llegado al templo Kodaiji, pero no estábamos muy seguros así que lo dejamos estar). Así que nos olvidamos de la guía y decidimos seguir nuestro instinto que terminó por llevarnos a la calle más mágica que he visitado en todo Japón (por el camino nos olvidamos de hacer un alto en el templo de . No me preguntéis el motivo, en el fondo, es sólo una calle llena de tiendas de cosas muy típicas (kimos, cerámica, comida, té, suvenirs, Ghibli), y en algunos sitios he leído opiniones de la gente que asegura que el Sanmachi de Takayama (que comenté en la entrada anterior) es mejor, pero me pareció el lugar más mágico que haya visitado. Quizás era que el día acompañaba (hacía un sol precioso y una temperatura muy agradable), o que todo estaba lleno de gente feliz (muchas chicas con kimono y muchos tendederos vestidos con ropa tradicional) paseando tranquilamente, o que los edificios eran tan tradicionales (nos metimos en una especie de patio interior que parecía de película), o, simplemente, que al encontrar la tienda de merchandaising más guay de Ghibli que haya visto en la vida me subiese el ánimo hasta cotas súper altas. El caso es que estuvimos paseando por la calle mágica, curioseando tiendas de lo más variopintas, fundiéndonos con el entorno, hasta llegar a lo alto donde había el templo de Kiyomizu-dera, un lugar espectacular que, al encontrarse en la ladera de la montaña ofrece unas vistas muy bonitas de la ciudad de Kyoto. Bajando del templo para ir a buscar el bus, nos comimos un par de "snacks" tradicionales (unos pastelitos que eran como de pescado y pulpo y unos panecillos de esos que dentro tienen carne, se me cae la baba con solo recordarlo *¬*).

Calle de Higashiyama

Tienda Ghibli


Templo Kiyomizu-dera (esta foto me encanta)


Después de eso regresamos a Shijo Karawamachi y estuvimos paseando por las galerías de tiendas, en las que se podía encontrar de todo (sombreros, sellos, pinceles, cuadros, ropa, libros viejos, muñecos de manga, pasteles (¡pasteles!*0*)) y en las que incluso hay pequeños templos entre las tiendas, para ir a hacer unas oraciones XD Comimos en un CoCo Curry (lo adoro, ¡quiero un CoCo Curry aquí!) y seguimos paseando, entrando también en un centro comercial, curioseando en el apartado de papelería y de cosas de casa, flipando con la cantidad de cosas monas que venden en Japón (hay millones de miles de bolis, libretas, papeles de regalo, cintas, pegatinas, etc.). Luego nos metimos en una cafetería (no equivocamos y nos fuimos a sentar en la zona de fumadores X'D) y yo me bebí una cosa buenísima que era como un batido de chocolate con una bola de lo que parecía espuma de helado de vainilla *0* (¡quiero más!). Y al final, muertos de cansancio (era pronto) fuimos al hotel y recogimos las maletas para prepararnos para la vuelta.

Esto es un Coco Curry en Tokyo, pero para que os hagáis una idea XD

Una tienda de sellos con el nombre y cosas para hacer caligrafía


En la estación cogimos el tren que va de Kyoto al aeropuerto de Kansai (KIX) (creíamos que no había tren directo, pero resulta que sí, aunque es lento y tarda como dos horas y media para un recorrido tan "corto") y llegamos a destino, donde facturamos las maletas (casi me da un infarto al hacerlo, porque había metido una botella (vacía) en la maleta, y cuando me dijeron si tenía algo que declarar se me ocurrió decir que no (no se pueden subir botellas en las maletas) y luego me pasé todo el viaje preocupada u.u'').

Careto de "Oh, Dios, ya no puedo más" cuando faltaba poco para llegar


El viaje de regreso fue un poco palo. Afortunadamente pude dormir unas ocho horas de las 22+2+1.30 que duró el viaje (15h de Kyoto a Doha, 7h y pico de Doha a Barcelona, 2h de parada en Doha y 1'30h de Barcelona a casa). Lo cierto es que al llegar, estaba tan desorientada que incluso mi casa me parecía rara, no la veía normal. Sentía la cabeza como si aún estuviese en el avión, como con un rurún constante y como si todo se moviese a mis pies. Pero valió la pena. ¡Y lo volvería a hacer ahora mismo! De hecho, ya cuento los días para volver a irme a Japón XD Sé que no será pronto, porque es un viaje caro, pero regresaré, palabra de honor.

En fin, espero que os hayan gustado mis aventuras por el país nipón. Yo me lo pasé genial. Es una de las mejores experiencias que he vivido y se lo recomiendo a todo el mundo. Es algo que hay que hacer, una vez en la vida al menos, para ver cuan distinto es el mundo al otro lado del planeta o para vivir de cerca la cultura japonesa si ésta te interesa.

Por cierto, si alguien tiene alguna duda o quiere que habla de algún tema en concreto (tanto los que se van a ir como los que no ;p) podéis hacerme sugerencias para posibles futuras entradas.

Y eso es todo. ¡Gracias por estar ahí y por leer!




Entradas prévias:




3 comentarios:

  1. ¿He leído "tienda Ghibli"...? *se frota las manos* :D

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  2. Super xulo xD ta super bé :)vull menjar curryyy!!!

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  3. @Katsu, le di la dirección más o menos a Laura :3 Esa tienda es el paraiso *0* Prepara la targeta de crédito XD

    @Fran pilotaaaaaa, va compra curry d'aquell :3

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