domingo, 4 de mayo de 2014

Película: El viento se levanta

Imagen extraída de www.neocine.es


"El viento se levanta" es la carta de despedida del brillante director y fundador del estudio de animación Ghibli, Hayao Miyazaki, director de películas como "El castillo ambulante", "Ponyo en el acantilado", "El viaje de Chihiro", "Nausicaa del Valle del Viento", "Mi vecino Totoro", "La princesa Mononoke" y muchas otras más.




Se trata de un biopic que adapta la vida de Jiro (¿Hiro?) Horikoshi, el creador de los aviones Zero que atacaron Pearl Harbor durante la Segunda Guerra Mundial. De todos modos, no se trata de una biografía realista, sino que Miyazaki la adapta a su antojo, mezclandola con la de otro personaje y añadiéndole bastante ficción por el camino.

La película nos va relatando la vida de Horikoshi, desde que es un niño que sueña con crear aviones y al que su problema de miopía no va a detener, pasando por sus estudios de juventud, la vivencia que supone el terrible terremoto que destruyó Tokio en el 1923, hasta que empieza a trabajar por la empresa Mitsubishi y va ascendiendo poco a poco en ella hasta quedar al cargo del diseño del Zero. 

(Imagen extraída de www.objetivocine.es)

Para contarnos todas esa vivencias y no hacerlas demasiado aburridas, Miyazaki se ayuda de dos personajes secundarios importantes. Por una parte, Caproni, un ingeniero aeronáutico italiano que se aparece en los sueños de Hirokoshi y le anima a seguir adelante, hablándole de su propia experiencia. Por otra, Naoko, que es el amor de su vida, y con la que mantendrá una relación a través de muchos años. A parte de esos dos importantes personajes, también aparecen en el film otros secundarios que, aunque menos importantes, nos hacen entender un poco mejor la historia y adentrarnos en ella, como por ejemplo el jefe de Hirokoshi, Kurokawa, su mejor amigo, Honjo, o el alemán que conocen en el hotel en el que pasan sus vacaciones. A destacar los diseños de Kurokawa y el alemán, que llevan el sello de Miyazaki y resultan tan carismáticos que será difícil olvidarse de ellos. Ambos me parecieron entrañables.

Kurokawa (imagen extraída de www.cinedor.es)

El alemán (imagen extraída de www.elcamaleoncomparte.com)

En realidad, la película podía tomarse como un retrato costumbrista del Japón de principios del siglo XX, hasta la Segunda Guerra Mundial. La bellísima animación del Estudio Ghibli nos deja retratos hermosos (y algunos no tan hermosos) de como era la vida en el país Nipón, como eran las casas, las costumbres sociales (tanto de la clase alta como de las más bajas), como vestía la gente, como trabajaban, cuál era su relación/visión del resto del mundo,etc. A destacar el gran uso del tabaco que hacen los protagonistas, un detalle sobre el que había leído pero que igualmente me llamó mucho la atención (y sobre el que había habido muchas quejas en Estados Unidos, por eso de que el mundo sigue pensando que si una película es de dibujos es que es para niños... Nada más lejos de la realidad).

Comparado con sus otras obras (las que llevaban su sello personal), se trata de una película completamente distinta a lo que nos tiene habituados Miyazaki. Aquí no tenemos mundos mágicos, ni heroínas fuertes, ni historias llenas de esperanza. "El viento se levanta" es una historia realista, oscura en muchos sentidos, y muy adulta, que aunque no llega a la crudeza de "La tumba de las luciérnagas" (también del Estudio Ghibli, pero dirigida por Isao Takahata), nos hace reflexionar sobre el proceso creativo y en si cuando se quiere crear algo todo es lícito o antes uno debería pararse a pensar en las consecuencias que sus creaciones podrían comportar. Porque, aunque Jiro insista en todo momento en que lo único que él quiere es crear aviones, es perfectamente consciente para qué van a servir esos aviones. Y a pesar de ello sigue adelante.

Otra subtrama que me resultó incómodamente triste es la relación que mantienen Naoko y Jiro. Aunque al principio Naoko se muestra como una muchacha decidida y que sabe lo que quiere, su personaje termina evolucionando hacia la típica y perfecta esposa japonesa, complaciente y siempre a la espera de un hombre que se pasa más tiempo fuera de casa que con su familia y a quien lo único que parece importar es su trabajo. Como he dicho antes, la película termina siendo un retrato de época, pero sigue siendo triste que la protagonista de la última película de un hombre que siempre dibujó a mujeres llenas de determinación y las puso al frente de la trama, sea una mujer tan desdibujada como Naoko, a la que sólo importa hacer feliz al hombre que ama. 

(imagen extraída de www.cinedor.es)

Lo que me gustó especialmente de la película fue el hecho de que cuente una parte de la historia a la que yo, particularmente, no estoy acostumbrada, porque todas las películas que he visto sobre la participación de Japón en la Segunda Guerra Mundial han sido desde el punto de los Aliados (o bien películas que hablaban de las consecuencias de la guerra en Japón). También interesantes algunas reflexiones que se intercalaban en medio de la trama, reflexiones sobre el proceso creativo (que parece que haga el mismo Miyazaki tomando la voz de un personaje), como cuando Caproni le dice a Jiro que un ingeniero sólo tiene una década puramente creativa en su vida y que hay que aprovecharla.

Si decidís darle una oportunidad, no esperéis encontrar grandes aventuras, sino una historia muy japonesa (con su lentitud asociada), hermosa en su desarrollo y en sus dibujos (tiene una animación tradicional preciosa) y que intenta mostrar el mundo tal como es, con sus luces y sus sombras.

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