jueves, 19 de mayo de 2016

Videojuegos: Final Fantasy XIII



Imagen extraída de Wikipedia


Hoy vengo a hablaros de la entrega número 13 de la saga Final Fantasy.

Antes de ponerme con esta entrada estuve pensando en si hacía falta hacer una reseña de un juego que ya tiene seis años y del que ya se ha dicho prácticamente todo. Pero, después de meditarlo a fondo, llegué a la conclusión de que sí, hacía falta. Primero porque me gusta y me gusta hablar de las cosas que me gustan (toma repetición). Y segundo, porque creo que está infravalorado y me gustaría hacerle ver a la gente porque merece la pena darle una oportunidad.

FFXIII tiene muchos fallos a nivel de jugabilidad, en eso estoy de acuerdo, pero cuenta una gran historia y tiene unos personajes muy completos. Especialmente personajes femeninos. Y creo que esto es algo que merece ser recordado a poco de que salga FFXV y tengamos que lidiar con un grupo protagonista enteramente masculino porque «los hombres no pueden hacer cosas de hombre si hay una mujer de por medio».

La historia

Pongámonos en situación:

Paals es un mundo dominado por unos entes semidivinos llamados fal’Cie. Los fal’Cie son criaturas inmortales, de apariencia más o menos robótica y que poseen un gran poder físico y mágico. Esos seres tienen la capacidad de convertir a los humanos en lu’Cie o, lo que es lo mismo, en sus esclavos, otorgándoles grandes poderes físicos y mágicos para obligarlos a cumplir una misión. Si el humano cumple con éxito esa misión se convierte en cristal para vivir eternamente. Si falla, se convierte en Cie’th, un monstruo que vaga por el mundo sin conciencia propia por toda la eternidad.

En este mundo salvaje e inhóspito, plagado de criaturas feroces, la mayor parte de la población humana vive protegida de los peligros del inframundo en una fortaleza flotante llamada el Nido, un «minimundo» tecnológicamente avanzado que permanece sobre la superficie del planeta. La vida allí fácil y apacible gracias a los cuidados que los fal’Cie del Nido proporcionan a los humanos.

En el Nido todo aquello provinente de Paals es visto con temor, después de que la Guerra de la Oclusión, que tuvo lugar 500 años antes del inicio de la trama, enfrentara a los fal’Cie de Paals (creados por el dios Paals) y a los fal’Cie del Nido (creados por el dios Lindzei) y estuviera a punto de causar la caída de éste último y la aniquilación de toda la humanidad.

El Nido visto desde Paals (Imagen extraída de gamezone.com)


La historia empieza cuando, en un vestigio de aquella guerra ancestral escondido en el interior de la ciudad de Bodhum y olvidado por todos, aparece un fal’Cie de Paals que había estado dormido hasta entonces. Al despertar y para llevar a cabo su tarea de destruir el Nido, el fal’Cie marca a una muchacha llamada Serah y la convierte en una lu’Cie.

El pánico cunde. El Sanctum, gobierno del Nido, decide deportar a todo aquel que haya entrado en contacto directo o indirecto con el fal’Cie de Paals y evitar así cualquier «contaminación». Por eso, toda la población de la ciudad de Bodhum es enviada a la Purga. Oficialmente la Purga consiste en la expulsión del Nido de esos ciudadanos, que serán enviados a Paals para que inicien allí una nueva vida. Pero en realidad se trata de una ejecución en masa encubierta.

A partir de ese suceso, el destino de seis personajes quedará ligado al de Serah, que habiendo cumplido su misión de reunir nuevos lu’Cie para llevar a cabo la destrucción del Nido, se convierte en Cristal.



Los personajes

Como he dicho antes, una de las cosas más destacadas de esta entrega de Final Fantasy son sus personajes (eso ocurre en casi todas las entregas, pero a mí, particularmente, los de esta me llamaron mucho la atención).

El grupo protagonista se compone de tres chicos y tres chicas, cada uno con una personalidad bien definida pero que, debido a las vivencias, irá cambiando y evolucionando.

Tenemos a Lightning (Light) Farron (cuyo verdadero nombre conoceremos a lo largo de la historia), una joven soldado, práctica y poco dada a los sentimientos que cuida de su hermana pequeña desde que sus padres murieron. A Light no le gusta el novio de Serah y por eso se enfada con ella cuando la pequeña le cuenta que su novio y ella planean casarse. Pero cuando el fal’Cie de Paals toma como prisionera a Serah, Light renuncia a todo para ir a salvarla.

Snow Villiers es el prometido de Serah. Apodado «héroe» por sus compañeros de viaje, es una persona poco sensata que se mueve por impulsos y cree que con buena voluntad y un par de golpes se puede arreglar todo. Snow es el líder de NORA, una especie de asociación de muchachos de Bodhum que termina convirtiéndose en un grupo de resistencia contrario al Sanctum al inicio de la Purga.

Hope Steheim es el benjamín del grupo. Se encontraba de vacaciones en Bodhum con su madre cuando les sorprendió la Purga. A pesar de ser un chico asustadizo, después de la muerte de su madre se une a Vanille en busca de venganza. Pronto da cuenta de que la titánica misión que le ha sido encomendada es demasiado para él.

Vanille también se encontraba en Bodhum ese día, aunque no es hasta bastante más adelante en el juego que se conoce el motivo. Es una chica alocada y risueña que no le teme a nada. Aunque pronto descubrimos que todo eso no es más que una coraza que se ha fabricado para poder seguir adelante a pesar de todo el dolor que lleva dentro.

Sazh Katzroy es el último de los personajes que estaba en Bodhum el día en que apareció el fal’Cie. Es un hombre de mediana edad, bastante pesimista, y, por llamarlo de algún modo, la voz de la experiencia del grupo. Tampoco se sabe mucho de los motivos que le habían llevado hasta allí. Sazh se une a Light al principio del juego cuando ve que ella se rebela contra los soldados del Sanctum.

La última de las integrantes es Fang, que se les une después de que los otros cinco fueran convertidos en lu'Cie por el fal'Cie de Paals. Fang es una mujer fuerte que que comparte un pasado común con Vanille y que hará cualquier cosa para protegerla.

Los seis cargan con sus propios demonios, a los que tendrán que enfrentarse para seguir avanzando y poder desarrollar todo su potenciar como lu'Cie, para de ese modo poder enfrentarse a la dura tarea que les espera por delante.

La superación de esos momentos de duda se representa en el juego como el enfrentamiento del personaje con su eidolón, una criatura mágica que se le aparece cuando la desesperación se apodera de él. Cuando el personaje vence al eidolón en una batalla, este pasa a convertirse en su aliado y le ayuda a llevar a cabo su misión.


Los seis protagonistas junto a su eidolón (Imagen extraída de gamefaqs.com)


Dejando a un lado a los seis personajes principales, tenemos también a unos cuantos secundarios que merece la pena destacar porque, a pesar de que no tienen jugabilidad, sí tienen un peso importante en el desarrollo de la historia:

Serah, la chica que se convierte en lu’Cie al principio de la historia es la más destacada de todos ellos. Ella es el motivo por el que se inicie la Purga y también el motivo por el que Light y Snow se lanzan a una misión de rescate que acaba arrastrando el resto de protagonistas con ellos. A pesar de haberse convertido en cristal, Serah sigue presente durante toda la historia de forma indirecta y quizás por eso la segunda entrega de FFXIII la tiene a ella como protagonista.

También tenemos a Nora, la madre de Hope, cuya muerte al principio del juego después de unirse al grupo de resistencia NORA (sí, comparten nombre) crea un efecto dominó de acontecimientos que afecta no sólo a Hope sino a otros personajes. La escena de Nora cogiendo un arma para proteger a Hope, diciendo aquello de «moms are tough» es oro puro.

Cid Raines, comandante de la Caballería, que a pesar de seguir ordenes del Sanctum decide ayudar a los lu'Cie.

Y por último mencionar al hijo de Sazh, Dajh, que juega un papel importante en el devenir de los acontecimientos.

En cuanto a los enemigos tenemos a al comandante de PSICOM Rosch, enemigo acérrimo de los lu’Cie, y al máximo representante del Sánctum, el primarca Dysley, que termina convirtiéndose en el villano principal de juego. Lo cierto es que en este apartado sí eché en falta más presencia femenina, porque aunque tenemos a la oficiala Nabaat, ésta desempeña un papel muy secundario, a parte de ser el personaje femenino más estereotipado de todos.

El apartado gráfico y la BSO

El apartado gráfico es, sin duda, lo mejor de Final Fantasy XIII. Por esa misma razón son muchos que lo acusan de ser sólo una bonita película (la jugabilidad deja mucho que desear, es cierto).

Las cinemáticas que se entremezclan con la historia dejan sin aliento, pero el juego en sí también está muy cuidado. A pesar de que ya tiene sus años no da la sensación de ser un juego viejo o con unos gráficos desfasados. Los personajes son realistas y se mueven con fluidez dentro de unos fondos plagados de detalles.

Escena de comabate (Imagen extraída deneogaf.com)

Escena de animación (Imagen extraída de la wikia de FFXIII)


El diseño del mundo y de los personajes es futurista, con muchos elementos tecnológicos (grandes ciudades, vehículos voladores, naves, armas automáticas, pantallas, sistemas de comunicación a distancia). Aun así también aparecen elementos de una cultura más antigua, especialmente aquellos relacionados con Paals.


Eden, capital del Nido (Imagen extraída de la wikia de FFXIII)



Vestigio de Paals (Imagen extraída de zero-no-zekai.blogspot.com)


El conglomerado de juegos Fábula Nova Crystallis, de la que forma parte esta entrega de la saga, tiene un complejo desarrollo mitológico sobre la creación de Paals y de los fal’Cie por parte de los Dioses, que aunque no se menciona en profundidad en esta entrega (aunque se pueden encontrar detalles en el menú), sí se va desarrollando en las posteriores. Podéis encontrar un resumen (plagado de spoilers) aquí.

Eso no quita que en el juego podemos encontrar muchos de los clásicos de la saga. Los chocobos hacen acto de presencia durante buena parte de la historia (Sazh lleva una cría de chocobo escondida en su pelo) e incluso los podremos montar y viajar con ellos. También podremos luchar contra Tomberi o Catilio y algunas de las invocaciones clásicas aparecen como eidolones, como es el caso de Shiva, el eidolón de Snow. También tenemos un personaje llamado Cid.

En cuanto a la BSO, es correcta aunque no extraordinaria. El tema principal fue sustituido en Europa por una canción de Leona Lewis llamada “My hands”, una canción que, aunque preciosa, no sé si termina de casar con lo que es el juego.

El funcionamiento

Ahora pasemos a la cruz de Final Fantasy XIII: su jugabilidad.

Con un desarrollo completamente lineal, sin más espacio abierto para explorar que el submundo de Paals (al que no llegas hasta la parte final y en el que, al ser un lugar en plena naturaleza, no hay más que campo y bestias (bueno, sí, alguna otra cosa hay, pero no ciudades ni gente con la que interactuar)), sin minijuegos, y con los pocos puzles resueltos en el mapa, el juego se convierte en un continuo avanzar a través de un camino recto, yendo de un combate hasta el siguiente.

Ni siquiera te dan la oportunidad de hablar con los pocos personajes que te cruzas en tu camino (sí, puedes acercarte a ellos y escuchar lo que dicen, pero no puedes intervenir). Tampoco hay tiendas que visitar porque estas son en formato “on-line” vinculadas a los puntos de guardado. Y las únicas misiones secundarias están relacionadas con la caza de bestias. Por lo que, al final, el juego se reduce a prepararte para el combate y combatir.

El sistema de lucha, por suerte, es muy interesante y convierte este despropósito en algo más o menos llevadero.

A medio camino entre el combate en tiempo real y el combate por turnos, el sistema de batalla en tiempo continuo consiste en poder realizar una acción cada vez que se llena una barra de tiempo.

Durante los enfrentamientos sólo podemos controlar al líder del grupo (el personaje que llevamos) mientras que los otros dos acompañantes actúan de forma automática según el rol que les hayamos asignado (un poco como en Kingdom Hearts).

Detalle de batalla

Existen seis roles en la batalla: castigador (ataque físico), fulminador (ataque mágico), obstructor (magias de estado alterado para el enemigo), inspirador (magias de beneficiosas para el equipo), protector (defensa, centra el ataque enemigo en él) y sanador (sanación y cura de estados alterados). Cada personaje del grupo se especializa en varios de esos roles, algo que se consigue a través del Cristarium, un apartado en el que podemos cambiar los puntos de experiencia recibidos en las batallas por habilidades.

Cristarium de Sazh


Detalle del Cristarium en el rol de Castigador

Antes de la batalla deberemos configurar seis formaciones que son las que podremos usar durante el combate. En cada una de esas formaciones los tres combatientes llevarán a cabo un rol determinado (por ejemplo, la formación «avalancha» consiste en que dos de los combatientes actúen como castigadores y otro como fulminador). Durante el combate podremos cambiar de una formación a otra al instante y sin restricción de veces o de tiempo.


Equipo, formaciones y roles

Cuando se invoca al eidolón del personaje, los combatientes que acompañan al líder son sustituidos por él, y el líder y el eidolón pasan a combatir codo con codo durante un tiempo determinado. También se puede activar la opción de transformación, que convierte al eidolón en un vehículo de guerra que nos permite usar un seguido de ataques de gran poder. Si durante el tiempo en el que el eidolón está presente, el líder muere, el eidolón lo resucitará y se marchará.

El trabajo en equipo es importante en el sistema de batalla de FFXIII, así que conviene elegir las formaciones que nos permitan realizar más ataques en cadena y rellenar la barra de aturdimiento del enemigo de forma más eficiente, porque si lo llegamos a aturdir es mucho más fácil derrotarlo.

Cobra mucha importancia también (sobre todo al final del juego), el desarrollo de las armas y del equipo, que se puede realizar a través del taller que aparece en el menú de guardado. Una buena opción para conseguir materiales para esas modificaciones es la de salir a cazar o la de conseguir materiales extraños para revender en la tiendas y conseguir dinero. Vamos, como en la mayoría de juegos de ese tipo.

A pesar del tiempo de espera entre acciones (que en realidad no es tanto), el sistema de batalla es muy dinámico. Conviene prepararse bien antes de cada batalla y elegir siempre las formaciones adecuadas a cada enemigo. En los combates sencillos podemos limitarnos a dejar que la IA del juego se encargue de elegir los ataques a efectuar y, probablemente, ni siquiera tendremos que cambiar de formación. Pero en cuanto la cosa empieza a complicarse es mejor elegir a mano los ataques pensando en las debilidades del enemigo. En algunos de los combates deberemos cambiar constantemente de formación, pasando de ofensivas a defensivas sin parar.

Este sistema de batalla es genial y cuando le coges el punto resulta muy estimulante. No es tarea fácil elegir las formaciones y por esa misma razón tampoco lo es elegir los integrantes del grupo (recordemos que cada uno está especializado en dos o tres roles, que hay que combinar con los de los demás).

Pero el principal defecto que tiene este sistema es que está limitado hasta bien entrado el juego. Es decir, a modo de «aprendizaje», te encuentras que la mayoría de opciones de configuración están bloqueadas y sólo se van desbloqueando a medida que avanzas en la trama. Al principio no puedes elegir al equipo, ni al líder, ni a las formaciones y tienes que apañártelas con lo que viene dado por el juego.

Otro defecto es que, aunque muchos combates no son obligatorios y se pueden evitar no entrando en contacto con el enemigo, a veces es prácticamente imposible dada la distribución pasillera de las pantallas. Por eso a veces te encuentras tragándote un montón de combates relativamente fáciles, que no aportan demasiado y que encima no te estimulan.


Opinión personal

Estoy de acuerdo en que Final Fantasy XIII es un juego pasillero a más no poder. Y que en algunos puntos puede hacerse incluso soporífero. Sé que, como juego, no tiene nada más allá de su sistema de combate, que, aunque original, no compensa todas las demás carencias de jugabilidad. Pero, aun así, es un juego que adoro.

¿Por qué? Porque tiene unos personajes que son una mina y porque las relaciones entre ellos hacen que te enamores de ellos a más no poder. Relaciones no sólo de amor o de odio, sino de amistad, de fraternidad, de familia, de compañerismo, de rencor, de deber… Relaciones de todo tipo, con sus claroscuros y con su evolución.

Final Fantasy XIII nos habla del miedo a lo desconocido, de lo crueles que pueden ser los humanos con el que es diferente, de la manipulación que los poderosos pueden ejercer sobre las masas para convertirlas en un instrumento. Nos habla de la familia y del perdón, de las segundas oportunidades y de la esperanza.

Además, qué narices, es un juego muy feminista para lo que te encuentras en este mundillo. Que no es perfecto, lo sé. Serah es el típico personaje femenino que necesita ser rescatado (algo que da un poco de pena porque Sera es un buen personaje, aunque eso lo intentaron arreglar en la segunda entrega, que también está muy bien en ese sentido, porque nos relata la aventura de Serah en busca de su hermana, aventura que realiza junto a otro chico, Noel, que NO es su interés romántico) . La muerte de Nora también es el típico recurso de madre muerta para promover la venganza. Y, en cuanto a vestuario, las chicas llevan la mitad de ropa que los chicos (aunque lo que hicieron con los modelitos de las siguientes entregas sí tiene delito... Confieso que no he jugado al FFXIII-3 por ese motivo).

Pero también tiene muchas cosas buenas.

Las chicas del grupo protagonista son de mis favoritas de toda la saga. Las tres son fuertes y decididas, y saben lo que quieren. Luchan para proteger a los suyos y no necesitan que nadie les diga lo que tienen que hacer. Y ninguna de ellas está ahí por ser el interés romántico o la princesa que necesita ser rescatada. Son mujeres con inquietudes, que saben cuidar de ellas mismas, que se equivocan y rectifican y cuya vida no gira alrededor de un hombre.

No voy a entrar en la consideración de si la relación de Vanille y Fang es romántica o no. Estaría bien que ellas fueran la primera pareja lesbiana de la saga, sí. Pero el juego no llega a pronunciarse sobre eso. Y, de todos modos, también está muy bien que dos mujeres puedan tener ese grado de amistad y esta se vea reflejado en un videojuego con tanta naturalidad. Lo mismo que ocurre con la relación de hermanas de Light y Serah (hola, Frozen).

Siguiendo esa línea, también es remarcable que el personaje débil del grupo, el sanador principal (rol que siempre se suele asignar a las mujeres), el que todos deben proteger y mimar, sea un chico. La evolución de Hope a lo largo del juego es, sin duda, mi preferida.

En conclusión: un juego que podría ser mejor, pero que hay que tener en cuenta por su historia y personajes y que, si eres amante de las buenas historias, no deberías pasar por alto.


No hay comentarios:

Publicar un comentario