Libros: Títeres de la magia, Seliria

Retomo las reseñas individuales en el blog para hablar de un libro del que no hace falta hablar, porque está en boca de todos, pero del que me apetece hablar porque me ha tocado de un modo que no esperaba que hiciera y lo quiero compartir.




Reconozco que me acerqué a Títeres de la magia con cierto recelo. Había intentado leer Sueños de piedra, hace un tiempo, y la lectura no consiguió motivarme (lo dejé en el tercer capítulo porque no me gustaron los personajes y la escena del segundo capítulo me echó muy para atrás). Pero como me encantan las historias de amor entre chicos (no lo puedo negar, es mi vena fujoshi) y en mis círculos habían hablado de algunos aspectos de la novela que quería comprobar por mí misma, decidí que le iba a dar una oportunidad.

Y me alegro mucho de haberlo hecho, porque la he disfrutado un montón.

Títeres de la magia, escrita a cuatro manos por Iria G. Parente y Selene M. Pascual (también conocidas en redes como Seliria). Es un spin-off de otra novela de las mismas autoras, Sueños de piedra, y retoma a uno de los personajes de la misma (Hazan) para convertirlo en el héroe de su propia aventura. De todos modos, no es necesario haber leído Sueños de piedra para seguir el hilo de Títeres de la magia (imagino que si lo has hecho hace más gracia retomar la historia de viejos personajes y que eso te puede dar pistas del porqué de algunas de sus acciones, pero si es así (como fue mi caso) no hay ningún problema).

La historia se sitúa en la región de Marabilia, un mundo medieval en el que existe la magia, las criaturas mágicas y las torres de hechicería. El worldbuilding de la novela no es extenso, y aunque conocemos algunas ciudades distintas durante el viaje que los personajes realizan, no se nos habla mucho de ellas y las autoras prefieren centrarse en los detalles sobre el funcionamiento de las torres de hechicería, concretamente de la torre de nigromancia de Idyll. De todos modos, tampoco en ese apartado acaban de darse muchos detalles más allá de los necesarios para que la trama pueda seguir su ritmo y a mí personalmente me habría gustado saber un poco más de cómo funcionan estas instituciones.

En este punto me gustaría comentar que una de las cosas que me más me han gustado sobre los nigromantes y su mundo, algo que les diferencia del resto de hechiceros de Marabilia, es la capacidad que tienen de ver el aura de las personas. Todo el tema que se teje alrededor de ese hecho (el detalle de que los nigromantes lleven un colgante mágico para evitar que los demás puedan ver su aura, cómo las vivencias de las personas afectan el estado y el color del aura del aura y cómo esto se entrelaza con las relaciones de los personajes, dando una nueva dimensión al tema de la confianza y a la desnudez del alma) me ha parecido todo un acierto (quizás porque me recordaba a mis propios personajes y a los reguladores de ondas ).


La narración es en primera persona, contada por los dos protagonistas, Hazan y Clarence, alternando un capítulo cada uno a lo largo de los 36 capítulos de la novela. Cada uno con su lenguaje propio (aunque hacia el final se vuelve más difícil distinguir quién es quién) nos cuentan la historia desde su prisma, salpicándola de sus propios pensamientos y quebraderos de cabeza. El estilo de las autoras tiene un toque poético, que, aunque sin llegar a ser recargado, hace de algunas escenas una auténtica gozada.



La historia es la siguiente:

Hazan lleva tres años estudiando en la torre de nigromancia de Idyll, donde fue aceptado por sorpresa al concluir su aventura en Sueños de piedra. Pero sus estudios no avanzan como él querría y el joven, que ahora cuenta diecisiete años, se siente frustrado y algo desmotivado. Hazan sigue preguntándose si realmente tiene lo que hay que tener para estar en Idyll o si debería plantearse otros caminos, dado que su dominio de la magia no parece estar al nivel de sus compañeros. Su único apoyo es su tutor y amigo, Clarence, que ha estado cuidando de él y guiándolo desde que ingresó en la torre. Por eso, cuando la investigación de unos misteriosos venenos aparecidos en Marabilia amenaza con llevarse a Clarence lejos de él,  Hazan no duda ni un momento en unirse a su tutor, a pesar de sus dudas e inseguridades. En este viaje también les acompañan los antiguos compañeros de aventuras de Hazan, Arthmael y Lynne, y a su compañera de torre, Ariadne.

Por su parte, Clarence es un joven de veinte años que estudia para Maestro en la torre de Idyll y se prepara para convertirse en el futuro director de la misma, como heredero de la torre que es. Además, ejerce de tutor de Hazan, aunque en realidad está secretamente enamorado de él. Clarence es una persona muy segura de sí misma y, además, sabe que tiene un excelente dominio de la magia. A pesar de ello, no conoce nada del mundo real, porque se ha criado entre las paredes de la torre y jamás ha pisado el exterior. Por eso, cuando durante el viaje que le lleva a investigar los venenos que están causando estragos en Marabilia descubre que sus poderes de nigromante no son suficientes para resolver los problemas del mundo, o que más allá de las paredes de la torre hay gente capaz de hacer daño a los demás por cosas tan ínfimas como la envidia o la codicia, la entereza de Clarence empiezan a quebrarse.

Es difícil clasificar esta novela. Su inicio parece acercarse más a una novela romántica con tintes de aventura, en la que la relación que desarrollan Hazan y Clarence centra prácticamente toda la trama, relegando el viaje y la investigación sobre los venenos a un segundo plano. Pero, poco a poco, y a pesar de que ese romance no deja nunca de estar presente, esa segunda trama va cogiendo más y más fuerza a medida que avanza la historia. Pero no para convertir la novela en una investigación policial con tintes mágicos, sino para convertirse en una novela psicológica, centrándose en el personaje de Clarence y mostrándonos como el devenir de los acontecimientos lo destruye y vuelve no sólo su mundo, sino todo el mundo del revés.

Clarence y Hazan
Clarence es un idealista que cree tener el mundo en sus manos y acaba descubriendo que sus poderes no sirven para mucho. Eso va minando su confianza, haciendo que al final acabe dudando de todo y de todos. Hazan, por su parte, es todo lo contrario. Empieza la historia siendo un muchacho inseguro, anulado por una realidad que le va grande y de la que no sabe cómo escapar, y gracias al viaje acaba descubriéndose a sí mismo y eligiendo el camino que quiere recorrer.

Valiéndose de los dos protagonistas las autoras nos hacen reflexionar sobre las expectativas que ponemos sobre nosotros mismos y las que ponen los demás, sobre la frustración que genera no alcanzar las metas que nos imponemos, sobre la posibilidad de equivocarnos cuando elegimos nuestro camino en la vida o sobre el miedo y la ansiedad que suponen estas decisiones.

Pero es que la cosa no termina ahí. Y es que tomando derroteros inesperados, la trama nos lleva a plantearnos también cuestiones como el elitismo de las instituciones de enseñanza, el poder que supone el conocimiento, los modelos de enseñanza que nos encarrilan desde pequeños y que no nos permiten replantearnos el camino a la mitad o el miedo al cambio y a lo que es diferente.

Las autoras ponen en boca de sus personajes interesantes reflexiones al  respecto, de esas que son como una aguja clavada en el estómago, aunque debo decir que en algún punto algunas de esas reflexiones me han parecido un tanto moralizantes. De todos modos está claro que consiguen lo que buscan: tocar la fibra y que tras la lectura acabes planteándote cosas sobre lo que has leído, reflejándolas en tu propia vida.

Ariadne
En cuanto a los personajes, a parte de Hazan y de Clarence, otra de las que tiene un peso importante en la trama es Ariadne. Amiga de Clarence desde la infancia, es, al igual que su compañero, una gran nigromante que se prepara para convertirse en maestra en la torre de Idyll. Ari, como la llama Clarence, es una chica muy segura de sí misma, fría y distante, pero que siempre está al lado de su amigo; es casi una hermana para él. Tampoco ella duda en unirse al viaje cuando Clarence le habla de su misión. La relación de ambos (una relación que me ha gustado mucho, por cierto) termina siendo un puntal en la historia. La lástima de este personaje es que, al ser tan fría y distante y al verla sólo a través de los ojos de Clarence (y de Hazan, también, aunque él no la conoce tanto), no llegamos a apreciarla en profundidad y se nos queda como un personaje ligeramente plano y con el que resulta difícil conectar.

De los secundarios cabe destacar a Lynne, que es una famosa comerciante, y a Arthmaerl, rey de Silfos. Ambos son los protagonistas de Sueños de piedra y en esta entrega ayudan a Hazan y a Clarence en su viaje, en calidad de compañeros de fatigas. Confieso que son unos personajes que no me atraen especialmente y que ya en la primera novela no pude conectar con ellos. Ambos son pareja y mantienen una relación «a distancia», viéndose sólo un mes al año porque cada uno tiene que atender a sus responsabilidades. Ella es práctica y luchadora, y no duda en hacer lo que haga falta para perseguir sus sueños. Él un bocazas engreído que no piensa antes de actuar.


También me gustaría mencionar al tío y a la tía de Clarence, Archivald y Anthea, hermanos y directores de la torre de Idyll y tutores del joven (puesto que los padres de él murieron). Estos dos maestros mantienen una estrecha relación desde ambos tuvieron que renunciar a sus vidas para dirigir Idyll y hacerse cargo de su sobrino huerfano. Clarence los quiere casi como a unos padres, pero siente que, a pesar de lo mucho que le han enseñado y preparado para convertirse en un gran nigromante, no le han dado el cariño de una familia.

Una de las cosas que cabe destacar del libro en relación a los personajes es la representación sobre diferentes tipos de sexualidades que las autoras han incluido en su obra, así como la presencia de relaciones de pareja (incluso las de una sola noche) basadas en el consentimiento y el respeto mutuo.

La historia de amor se centra en una pareja de dos chicos. Clarence es gay y lo ha sabido desde que dejó su relación con Ariadne, cuando eran poco más que dos niños. Hazan, por su parte, ha creído siempre ser heterosexual hasta que empieza a fijarse en su tutor de ese modo, algo que a pesar de que lo deja un poco confuso al principio, termina aceptando con naturalidad. Además, Hazan es demisexual, por lo que no llega a comprender (en un principio) que los demás puedan tener relaciones sexuales sin estar enamorados. Por otro lado, Ariadne es asexual, algo que descubrió después de su breve relación con Clarence.

A pesar de que esta representación me ha parecido muy positiva, tengo que decir que la introducción de la sexualidad de los personajes me ha resultado abrupta y forzada en algunos puntos y que me hubiese gustado que se llevase con más naturalidad.

Por ejemplo: es Clarence quién nos habla de la sexualidad de Ariadne al presentarnosla, en una escena en la que ella le planta un beso en los morros «porque un beso para ella no significa nada». No digo que no pueda ser que realmente Ariadne no sienta nada al besar a Clarence, pero es una escena que, aunque él no asegura que se repite con frecuencia porque es un juego habitual entre ambos, no se vuelve a dar en todo el libro. Además, no llega a estar del todo bien explicada, ya que nos da a entender que Ariadne hace eso con más gente, algo que no dejaría de ser inapropiado porque, aunque para ella los besos no significan nada, besar a otros sin consentimiento podría llegar a considerarse como asalto al espacio vital. De modo que si lo que las autoras querían era hablarnos de la asexualidad de Ariadne, quizás podrían haber buscado un momento mejor para hacerlo, como por ejemplo introducirla cuando Clarence habla con Hazan y le cuenta sobre este tema.

También los constantes comentarios a la sexualidad de Clarence me han parecido un tanto cargantes, como por ejemplo cuando Arthmael lo acusa de haberlo estado mirando «con esas intenciones» o cuando Aldric (uno de los miembros de la tripulación de Lynne) lo aborda sin reparo al subir al barco. De todos modos, la introducción del personaje de Aldric, aunque muy típica y tópica para hacer avanzar la relación de los dos enamorados, sirve para mostrar un punto de vista interesante sobre los celos.

Hablando de la relación amorosa, me ha gustado ver como, ante todo, Clarence y Hazan son amigos. Lo han sido durante muchos años y es algo que siguen manteniendo a pesar de haber empezado a verse también de otro modo. Además, esa amistad que se refleja en la confianza que los une y en el apoyo incondicional que Hazan brinda a Clarence cuando las cosas empiezan a desmoronarse. Podría parecer que la historia de amor es en realidad un instalove, porque la historia ocurre en algo más de una luna, pero yo creo que viene fuertemente influenciada por la relación de pleno conocimiento que ambos ya tenían.



Por todo eso, y a pesar de estos detalles que no me han llegado a convencer, Títeres de la magia me ha parecido un libro muy recomendable, de esos que te remueven por dentro y te hacen pensar, y que usa de un modo muy original ese mundo mágico que es Marabilia para hablarnos de temas tan candentes como los que he comentado más arriba. Además, qué narices, la historia de amor me ha encantado y me ha tenido suspirando como una tonta durante todas las páginas del libro. Por eso, si os gustan este tipo de historias ligeras, con amor y aventuras, pero con toque de atención de fondo, os la recomiendo fervientemente.


*Las ilustraciones de esta entrada son obra de Lehana Aida, y forman parte de las imágenes promocionales de la novela

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