viernes, 7 de abril de 2017

Making of de #LaOtraFantasíaMedieval



A raíz de una entrada que Concu Vimes hizo en su blog para hablar del making off de su relato para la antología La otra fantasía medieval (de la que os hablé en la entrada anterior), han surgido en varios blogs la iniciativa de hablar de cómo ha sido para los escritores el hecho de crear un relato que se enmarque en un mundo sin machismo, que podéis encontrar aquí. Así que he decidido sumarme yo también.
Por mi parte no he notado ninguna diferencia al crear el mundo en sí, porque prestar atención al feminismo y a incluir diversidad en mis relatos es algo que llevo haciendo de forma especialmente consciente durante el último año (es uno de los efectos secundarios que tiene estar abordo de La Nave Invisible). Pero quería aprovechar para hablar de cómo surgió y se desarrolló el relato que acabé presentando, porque ahí sí hay una clara voluntad feminista.
Desde que el concurso se empezó a mover por redes tuve muy claro que, de participar, quería hacerlo recuperando un personaje de una historia que escribí hace muchos, muchísimos años (tantos como t13). El personaje en cuestión era Alella, madre de Irilaya que es la protagonista de La historia del marinero sin tierra (y, sí, de ahí sale mi nick), novela que publiqué en el Foro de Laura Gallego y que se perdió debido a la caída del foro de 2005.
Con los años me he ido dando cuenta de lo mal que traté al personaje de Alella en esa novela. Pero ahora que quería recuperarla y le estaba dando unas vueltas a su historia, todavía me quedaba más claro. No soy de matar a las madres en mis historias, al contrario, soy de matar a los padres (como comentábamos el otro día en Twitter a raíz de este artículo). Pero aunque mis madres siempre seguían ahí, se convertían en personajes casi invisibles que apenas intervenían en las tramas: se convertían en madres y nada más, como si el hecho de parir incapacitara a las mujeres para cualquier otra cosa, como si las madres no pudieran luchar, o trabajar o, incluso, hablar.
En el caso de Alella, después de hacerle perder al marido y a su hija mayor, y de que apenas tuviera peso en nada de lo que ocurría en La historia del marinero sin tierra, tenía intención de utilizarla como mujer en la nevera para la segunda parte de la novela, que tenía que llamarse El reino de los ángeles, y que por unas cosas y otras nunca llegué a terminar.
Y suerte que no lo hice, porque hubiese sido un despropósito: se supone que Alella es la heredera del Reino de los Ángeles y, como tal, goza de un gran poder y del dominio de la magia (algo que los humanos no tienen). Alella vive en el mundo humano porque renegó de su reino y se casó con un humano, por lo que el planteamiento que tenía para esa segunda novela (que el rey secuestrara a Alella para obligarla a confesarle la localización exacta del Reino de los Ángeles) no tiene ni pies ni cabeza (¿cómo es posible que un grupo de soldados, por más experimentados que sean, reduzcan y secuestren a una gran hechicera, y sin que ella apenas oponga resistencia?).
Por todas esas razones, ahora que tenía oportunidad quería darle una historia digna al personaje, quería arreglar esos desastres de juventud. Al principio barajé la posibilidad de hacer una nueva versión de la historia de El Reino de los Ángeles, cambiando la trama en la que los hijos y el yerno de Alella emprenden un gran viaje para rescatarla de las manos de sus captores, por una nueva trama en la que Alella se une a ese viaje para ir en busca de su hija Irilaya (que en La historia del marinero sin tierra es obligada a ocupar el lugar de su madre como heredera del Reino de los Ángeles).
Pero era una historia demasiado compleja para un relato de 10000 palabras. Así que decidí que lo mejor que podía hacer era indagar un poco en el pasado de Alella, de la que en realidad no sabía nada a parte de que era la heredera de El reino de los Ángeles, que se había enamorado de un humano, y que había huido de su reino para casarse con el humano y convertirse en madre (madre mía del amor hermoso, qué saco de tópicos machistas que era ese pobre personaje).
Así que, pensando, pensando, se me ocurrió: ¿qué tal hablar de cómo se conocieron Alella y su marido? Podía hacer que vivieran una gran aventura y que luego…

¡PIIIIII!

Mi subconsciente mandó un aviso claro: ¿qué coño estaba haciendo? ¡Estaba repitiendo la misma historia otra vez: que Alella no era nadie antes de conocer a un hombre y tener hijos! Tenía que buscar otra cosa, tenía que haber algo que hubiese llevado a Alella a abandonar El Reino de los Ángeles para meterse en el de los humanos. ¿Pero qué?
Y en ese punto lo tuve clarísimo: una amiga.
Así fue como nació el personaje de Greiga y como decidí que quería hablar de las aventuras que estas dos amigas compartían en el mundo humano. Como, a pesar de la diferencia de edad que existía entre ellas y de que ambas venían de mundos tan distintos, se llevaban genial y hacían grandes cosas juntas. Obviamente no podía contar toda su historia, porque eso habría dado para una novela entera. Por eso me centré en un punto de la historia de esa amistad (sí, es un punto algo triste, pero en mi esquema general tiene una razón de ser, aunque no sé si algún día me animaré a plasmarla en papel). En el relato, mis dos protagonistas tienen problemas, porque en su mundo no todo es colorines y purpurina. Pero esos problemas no tienen nada que ver con el hecho de que sean mujeres.
Y este es el making off de cómo escribí “El reino de los Ángeles” (sí, le puse el mismo título que iba a tener la novela que no terminé, como si así pudiera redimir un poco a mí yo pasado por sus atrocidades). Espero que cuando lo leáis (si lo hacéis) lo disfrutéis tanto como yo cuando lo escribí y me contéis qué tal os ha parecido y si creéis que hay algún punto machista en la trama.

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