Libros: La luna en las minas de Rosa Ribas

La historia de cómo este libro llegó a mis manos no deja de tener algo de suceso predestinado y cuando esas cosas ocurren tiendo a obsesionarme más con las lecturas.
A principios de verano unos de nuestros distribuidores de libros nos envió a la librería un depósito de novedades del año para la campaña de verano (pueblo costero, aumento de la población… ya sabéis, hay que aprovechar para vender). Como en esos días yo tenía la cabeza en otra parte por temas personales, apenas presté atención a lo que llegaba. Eso sí, hubo un libro que me llamó especialmente, confieso que al primer vistazo por su portada. Además, al leer la sinopsis, vi que era una historia de fantasía y los ojos me hicieron chiribitas. Pero, como ya he dicho, pasaron cosas y yo me acabé olvidando del libro.


El caso es que la semana pasada estaba preparando la devolución de los libros del depósito que habían sobrado y, cómo no, el libro volvió a caer en mis manos porque, por desgracia, no se había vendido ningún ejemplar.
Como me suele pasar siempre en estos casos sentí una inmensa pena por tener que devolverlo, porque a veces te encariñas con libros que a ti te gustan/llaman y que nadie más valora (especialmente cuando tu librería está en un pueblo pequeño en el que la mayoría de la clientela es mayor, prefiere las novelas policíacas y arruga la nariz cuando mencionas las palabras “fantasía” o “ciencia ficción”).
Por eso abrí la primera página y me puse a leer el primer capítulo (sí, en el trabajo, a veces la tentación es demasiado grande), para que no se pudiera decir que nadie le había dedicado ni siquiera un par de minutos a la pobre novela.
Lo que pasó a continuación no sorprenderá a nadie: me quedé enganchada.
No continué leyendo; tenía trabajo que hacer. Pero uno de los tres ejemplares que iban para devolución terminó en mi bolso y mi cartera con unos cuantos euros menos.
En casa lo devoré en dos sentadas y eso que vengo de un verano de mierda en el que apenas he leído tres libros en tres meses, por falta de tiempo, de concentración y de humor.
Pero dejadme que os hable un poco de la novela.
La luna en las minas, editada por Siruela y ganadora del premio Galardón Letras del Mediterráneo 2017, nos cuenta la historia de Joaquín, al que su abuela llama Ximo, un chico maldito que se convierte en lobo (sí, un hombre lobo de toda la vida).
Su autora, Rosa Ribas, que tiene una dilatada carrera a sus espaldas, está especialmente centrada en el género negro, aunque como ella misma dice en su página web no todo es negro y por eso ha hecho incursión en otros géneros, como es el caso de La luna en las minas, que tiene un claro componente fantástico.
Ya en el primer capítulo, la novela nos deja muy claro que no será dulce: la vida de Joaquín estará llena de adversidades por culpa de su condición.
Nacido en un pequeño pueblo de Castellón, Vistabella, por allá los años 50, el bebé es repudiado por su madre. La mujer sabe muy bien la clase de criatura acaba de parir y no lo quiere cerca ni de ella ni de sus otros dos hijos. Por eso le pide al padre que se lo lleve y se deshaga de él. Pero el hombre, incapaz de hacerle daño a su hijo recién nacido, hace lo único que salvará la vida del pequeño: se lo entrega a su madre, la abuela de Joaquín. La anciana acepta hacerse cargo del niño a cambio de una condición: los padres renuncian a él y ahora el bebé será sólo de ella. Además, la relación entre la abuela su hijo, su nuera y sus otros dos nietos queda cortada por siempre.
A lo largo de los años, la abuela cría a Joaquín con mano de hierro, pensando que así podrá domar a la bestia que habita dentro del niño. Además, tiene que curtirlo para hacerle más fácil la vida en un pueblo donde todos se conocen y todos saben de qué clase de maldición fue víctima el niño y lo que lleva dentro. El pequeño no se libra de habladurías, cuchicheos y burlas, incluso amenazas y palizas, que siempre escucha y percibe gracias a su desarrollado oído.
Paradójicamente, Joaquín es el único que desconoce esa verdad. No sabe por qué sus padres lo repudiaron, ni por qué todo el mundo en el pueblo lo teme o lo odia. Tampoco sabe por qué la abuela lo trata con tanta dureza, ni por qué debe esconderse y evitar “hacerlo los ojos” a la gente.
Hasta que una noche, cuando tiene dieciséis años, después de que unos desconocidos lo ataquen por haber estado bailando con la hija de uno de ellos durante las fiestas del pueblo, la bestia que habita dentro de Joaquín despierta y todo cobra sentido para él.
Fuente: pixabay.com
Después de eso, con la ayuda de la abuela, Joaquín trata de controlar el lobo cuando aparece. Cada mes, durante la noche del plenilunio, el chico se encierra por propia voluntad en una habitación reforzada y espera que la bestia aparezca y después se vaya. La abuela permanece en el exterior, armada con un cuchillo, a la espera.
Pero cuando su abuela muere, Joaquín sabe que tiene que buscar una solución, un modo de vida que le mantenga a salvo de los demás y también a los demás a salvo de él, porque, como siempre le ha dicho la abuela, la bestia ataca por naturaleza a los que él más quiere.
Por eso, sabedor que la única manera de controlar al lobo que vive en él es encerrándose bajo tierra, donde los rayos de luna no lo alcancen y de ese modo la bestia no pueda despertar, Joaquín decide emigrar a Alemania para trabajar en las minas de carbón, emprendiendo así una nueva vida que tampoco será tan fácil como él había imaginado.
La historia atrapa casi desde la primera página. Es difícil no encariñarse con Joaquín ya desde el primer capítulo y sufrir por el destino tan triste que le ha tocado vivir. El protagonista, un muchacho callado e introvertido, se debate entre el miedo que siente porque la bestia en la que se transforma acabe matando a los que más quiere y su deseo de vida y de libertad.
Joaquín es un buen chico, responsable y noble, por eso, a medida que la historia avanza sólo tienes ganas de saber que va a encontrar su lugar en el mundo y que, a pesar de ser como es, habrá alguien en algún lugar que lo respete y lo acepte.
La novela no sigue un orden cronológico, sino que a medida que avanza la trama principal (la de Joaquín yéndose a vivir a Alemania, la de asentarse en el nuevo país y el nuevo trabajo, etc.), se van intercalando escenas del pasado, relacionadas con lo que ocurre en el presente, que nos permiten hacernos una idea de cómo ha sido la vida del chico durante su infancia en el pueblo, cómo era su relación con su abuela, con Vicente, su único amigo, o con sus dos animales de compañía, Tigret y el Rubio, o por qué nació maldito.
La autora tiene un estilo muy bello y evocador, que sin resultar cargante te mete de lleno en los escenarios que rodean al protagonista.
Por una parte el pueblo, Vistabella, rodeado de bosques, de peñas, describiendo también el mas en el que viven Joaquin y la abuela, alejados de las miradas indiscretas de los aldeanos. Esos aldeanos que se dedican a cuchichear a sus espaldas y que actúan como un personaje conjunto interesante, un personaje que representa el odio a lo desconocido, la intolerancia y el miedo.
Fuente: pixabay.com
Por otra parte el viaje y Alemania, que representan a todos los españoles que tuvieron que emigrar en la década de los sesenta en busca de trabajo y de un futuro mejor. Y concretamente en las minas, hablándonos de las condiciones infrahumanas en las que vivían esos emigrantes y las penurias que tuvieron que sortear para conseguir una vida digna. Y, a pesar de ello, los lazos que los unían, por ser extranjeros, por sentirse lejos de sus casas y su tierra.
De hecho, la manera como la autora entreteje esa normalidad, esa descripción de unos hechos históricos que claramente podrían haber ocurrido, con la parte fantástica de la novela, la maldición de Joaquín, son lo que más me han gustado del libro.
También tengo que hacer una mención especial a la descripción que hace la autora de las transformaciones de Joaquín y el tratamiento que le da, que me ha resultado muy similares a lo que se siente cuando se tiene una regla dolorosa, algo que probablemente no haya sido intencionado pero que quiero remarcar.
La novela también tiene algunas cosas que no me han gustado. Son pocas, en realidad, pero os las comento.
La primera es que he echado de menos algo más de tratamiento de la madre de Joaquín. Puedo entender su reacción, pero, de todos modos, me habría gustado conocer algo más de sus sentimientos y lo que siente al abandonar a hijo recién nacido. Es cierto que la novela sigue sólo a Joaquín y que él es el protagonista indiscutible de la historia, y quizás por eso era difícil introducir el tema sin estropear la esencia del libro. Pero aun así lo he echado en falta porque eso convierte a la madre en un personaje cruel sin apenas motivos.
La segunda es el final en sí. Os hablo un poco de él a continuación, aunque advierto que os destripo la trama y que si leéis es a riesgo y conciencia vuestra. Tenéis que subrayar el texto para leerlo.
No me ha gustado nada el tema del amor romántico instantáneo como remedio milagroso para la maldición de Joaquín. No me ha gustado que Anne, la chica alemana, se ponga a seguirlo por la calle de noche, sola y decida confiar ciegamente en él sin apenas conocerlo y aun sabiendo que es un hombre-lobo. Sí, eso es lo que le salva de que él mismo se culpabilice de la muerte de amigo, porque el testimonio de Anne le asegura que él no lo mató. Pero aun así me parece un recurso fácil y falso. Como me parece un recurso fácil que Joaquín se vaya al rescate de sus dos compañeros mineros atrapados pensando que tiene que volver sólo por Anne. Me habría gustado más que lo hiciera por sus nuevos amigos, que casi se han convertido en una familia a esas alturas. O, de hacerlo por ella, que lo hubiera hecho después de que tuvieran una relación afianzada, y no un noviazgo de una noche.
En ese sentido, he echado en falta un desarrollo más cuidado de la relación de Joaquín y Anne, de la misma manera que se desarrolla la relación con sus compañeros. Y aunque eso hubiese dado casi para otro libro, creo que habría hecho la historia mucho más verosímil y le habría quitado al final ese regusto de “y vivieron felices y comieron perdices” tan falso para una novela que llevaba un ritmo de integración de la fantasía con la realidad tan bien hilado.

Pero dejando al margen estos pequeños detalles, tengo que confesar que he disfrutado muchísimo de esta lectura y que tiene todos los elementos que me hacen disfrutar: realidad y fantasía mezclada de un modo sublime, costumbrismo y también una prosa bella y cuidada que no llega a resultar excesiva. Por eso os animo a que si hay alguno de estos elementos que os llame o que simplemente queréis leer una historia diferente de un hombre-lobo no dudéis en darle una oportunidad al libro.

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